El sol brillaba con más fuerza que nunca. Parecía que el mundo se estuviese burlando de ella.
Había estado casi cuatro horas esperando fuera de urgencias bajo el ardiente sol.
Le habían echado de la sala de espera ya que según una enfermera solo se permitían familiares. ¿Familiares? ¿Qué con eso? ¡Tonterías! Channie era prácticamente su hermano aunque no compartiesen sangre.
Inass, que tuvo que irse hace poco, ya que su madre le estaba esperando para algo importante, acababa de llamar a su amiga para ver qué tal iba. Esta, indignada de estar allí esperando al aire libre, empezó a gritarle al móvil. Un hombre, que casualmente pasaba por allí, se quedó mirándola con cara de asco. La chica avergonzada bajó el tono de voz.
-¿Cómo me pueden hacer que espere aquí? ¡Cómo si yo no estuviese preocupada por él! Lo que les molestará a ellos.- Dijo casi susurrándole al aparato.
Acabaron de hablar y esta colgó el móvil maldiciendo a todo el mundo.
Entre tanto un chico se había sentado en el mismo banco y escuchó buena parte de la conversación. Haru no se había dado cuenta hasta que dejó de hablar con Inass.
El chico llevaba una gorra con la cual se tapaba el rostro y vestía muy de sport.
Avergonzada de nuevo, se levantó de allí y volvió a entrar en urgencias. ¡Ya iban a cumplirse cinco horas desde que estaba allí y aún no la llamaban para pasar a su habitación! No iba a aguantar ni un minuto más. Si era necesario se colaría en la habitación de Channie.
Entró de nuevo en la sala de espera y esta vez se encontró con la madre de Gongchan. ¿Cuándo había entrado? Ni se fijó. En cualquier caso, ¡era su oportunidad! Si por un casual intentaran volver a echarla, Eunsol, la madre de Channie, no dejaría que eso pasara.
Se acercó a esta que estaba mirando la puerta de la habitación con gran preocupación.
Haru ya a su lado, posó su mano sobre su hombro.
Eunsol, sobresaltada, abrió los ojos de par en par mirándola.
-Harurin....¿cuándo has llegado?-
Eunsol solía llamarle "Harurin". Era algo vergonzoso a veces, pero lo hacía desde que tenía memoria y tan solo era un apelativo cariñoso con que no le tomaba demasiada importancia.
Haru que no quería alargar la situación, le dijo que acababa de llegar.
-¿Los médicos te han dicho algo...?- preguntó Haru.
-No, solo que no me preocupe. Pero ya lleva tiempo ahí dentro y yo...yo no puedo soportarlo...-
Eunsol se echó a llorar.
Ella, la madre de Channie, una persona fuerte y luchadora, siempre sonriente hasta en los momentos difíciles, allí estaba, echada en una silla en urgencias como si estuviesen consumiendo su vida poco a poco.
Intentó consolarla con palabras que le animasen pero no era realmente su día.
Además, ¿qué iba a levantarle el ánimo en aquel preciso momento? Su hijo estaba allí en el hospital y nadie le contestaba a sus preguntas. Todos le decían que no pasaba nada. Y sí que pasaba, o se lo imaginaba. Ningún "está bien" suyo sería mejor que el de cualquier médico.
Todos le daban excusas baratas. Lo cierto es que le dolía verla a sí, a ella, que era como su madre.
De pronto la puerta de la habitación de operaciones se abrió. De allí salió un hombre altísimo con la bata azul característica de aquel hospital. Era un cirujano. Se acercó bastante serio a ellas. Les miró y dirigió su mirada hacia Eunsol.
-Ya hemos acabado todo, ahora lo llevaremos a una habitación para que descanse. Tiene que quedarse en el hospital ingresado unas semanas, no creo que llegue al mes.- le explicó detalladamente.- En cualquier caso debemos observar qué tal progresa. El marcapasos que tenía debajo de la piel se había roto y por eso no detectó que su corazón volvía a ir mal a causa de la arritmia. Hemos conseguido implantarle otro con éxito. Ahora solo necesita reposo y unas cuantas revisiones más.-
El hombre les sonrió al ver sus caras de tranquilidad después de escuchar eso.
Eunsol agradecida le dio la mano e hizo un giro de noventa grados.
-Aún sigue con la anestesia pero podéis verle en cuanto le cambiemos de habitación. Aunque no le alteréis mucho, sigue débil a causa de la operación y su corazón no va al ritmo normal. Lo que pasaba con el otro es que al estar roto no le enviaba los impulsos de electricidad que necesitaba y el corazón iba demasiado lento. Con suerte hemos actuado rápido.- les dijo.
Este se despidió de ellas y se fue por el pasillo que daba a la derecha.
Entonces salieron dos enfermeras de dentro de la sala de operaciones con la camilla donde estaba Channie.
Eunsol se acercó lo más rápido que pudo y Haru le siguió. Las enfermeras les dijeron que las siguieran y acto seguido fueron hasta la habitación 302. Ese iba a ser el hogar de Channie durante unas semanas. Él ya estaba acostumbrado a los hospitales con que no sería ningún problema.
Ya había estado ingresado antes a causa de lo mismo. La maldita arritmia la había estado acompañando desde que tenía 7 años.
Y Haru, que no podía estar ni cinco minutos sin él, iba a pasar la tarde en el hospital leyéndole cuentos o simplemente para pasar la tarde juntos.
Entraron en la habitación. Era muy amplia y estaba bastante iluminada.
Haru se había sentado en una de las sillas que yacían allí. Era bastante grande y cómoda, de color azul celeste, como las paredes.
Eunsol no paraba de dar vueltas por la habitación mirando a la cama donde descansaba Channie, aún afectado por la anestesia.
Observaba también su reloj de muñeca de vez en cuando.
Entonces Haru sacó su móvil y miró la hora. Las cinco en punto.
Supuso que había salido de su trabajo para ir a ver a su hijo y le dieron un límite de tiempo.
En el trabajo de Eunsol no eran muy flexibles, se pasaba prácticamente el día trabajando.
No importaba nada de su vida privada, si tenía algo importante que hacer, debía aguantarse. Ya era raro que le hubiesen dejado ir al hospital a ver a su hijo. Eran demasiado duros.
-Oye, si necesitas ir a trabajar, puedes hacerlo. Yo me ocupo de Channie.- dijo la chica al instante.
Eunsol le miró con aires de tristeza.
-¿Qué clase de madre sería si me voy a trabajar estando mi hijo así?-
-No creo que a él le importen ese tipo de cosas, entiende tu situación. Además, el médico dijo que no era nada importante, de todas formas, yo estaré con él y te avisaré si pasa algo. Venga, ve.- le constestó animándola.
Eunsol le dedicó una sonrisa, cogió su bolsa que había dejado en el sillón que estaba al lado de Haru y con un beso en la mejilla a Haru, y luego a Channie, salió por la puerta despidiéndose.
Channie seguía dormido, la anestesia estaba durando demasiado.
Aburrida se levantó del sillón de un brinco y se acercó al chico.
Este tenía una expresión bastante dulce mientras dormía. Sus pestañas eran largas, como las de una chica y su pelo oscuro ya había crecido bastante, aunque no mucho. Si lo comparamos como lo tenía de pequeño, sí que es un gran cambio.
Haru empezó a darse cuenta de lo mucho que había cambiado su amigo en todo esos años. ¿Cuándo había ocurrido eso? Ni ella mismo se había fijado.
"Será que lo ve todos los días", se dijo.
Entonces pudo notar como Channie tiritaba y suspiraba. "Está soñando", pensó.
Haru puso su mano en la mejilla del chico y acto seguido se despertó. Haru asustada le dio un bofetón.
Channie se incorporó inmediatamente y se llevó su mano donde había sido golpeado.
-¡Ah! ¿Pero q-qué haces...?- dijo con la voz quebrada.
El chico no podía ni hablar.
Entonces Haru se acordó de lo que le dijo el médico a ella y a Eunsol antes.
"No lo alteréis mucho". ¡Mierda!
Haru se volvió a acercar y le acarició la mejilla.
-Lo siento, fue sin querer. Me asusté...-
Channie sonrojado, quitó la mano de la chica bruscamente y miró para otro lado corriendo.
La chica que no le hizo caso a aquel gesto se sentó en el borde de la cama junto a él.
-¿Te sigue doliendo mucho?-
-No. Ya no me duele. Pero seguro que me has dejado la mejilla roja, bruta.-
-¡No digo la mejilla! Hablo de tu corazón, imbécil.-
-Ahora mismo no...pero notó como....¡ah!-
Channie se tocó la zona de la clavícula izquierda. Entonces se destapó y pudo verse los puntos recién cogidos.
-¡Joder!-
Haru le cogió la mano y se la quitó de allí.
-Deja los puntos en paz, acaban de operarte hace poco. Han tenido que cambiarte el marcapasos, el otro estaba roto.-
Channie le miró asustado.
-No me acuerdo ni como he llegado hasta aquí...- dijo Channie revolviéndose los pelos.
-A mí me avisó Inass, no sé cómo se enteraría ella.-
Entonces Channie le miró.
-¡Ah, sí! Estaba hablando con...-
La puerta de la habitación se abrió en ese momento.
¿Visita? ¿Sería Eunsol? ¿O Inass que había conseguido venir un momento?
No, era un chico. Un chico desconocido, o eso pensaba. ¡Era el de la gorra y la ropa de sport!
¿Qué hacía él aquí?
Entonces se acercó hacia Channie y le plantó un beso en los labios.
Haru se quedó unos segundos mirando sin comprender muy bien la situación hasta que pudo reaccionar.
Les miró sonrojada fijamente.
Entonces el chico levantó la mirada hasta Haru. Le miró con cara pícara y luego volvió hacia Channie.
Este, había apartado al chico violentamente.
-¡Sandeul! ¡Te he dicho que dejes de hacer eso! Quizás sea normal en el país de donde vienes, aquí no es normal saludar a los demás con un beso en los labios. Y, y encima...- Channie miró a Haru ansioso.- ¡Ah! Vais a acabar conmigo los dos.-
El otro chico empezó a reírse.
¿Sandeul....? ¿San...deul? A Haru le sonaba demasiado aquel nombre y no sabía exactamente por qué.
Entonces le volvió a mirar. Pelo castaño teñido. Ojos oscuros no muy grandes. Bajito, muy bajito.
-¡Ah!- Haru se levantó de la cama.- ¡Eres Lee Sandeul!- gritó Haru señalándole.
Este no le miro con muy buena cara y entonces Haru volvió a calmarse poniendo su mirada en el suelo.
-Sí Haru, es Sandeul. Volvió de Estados Unidos ayer mismo. Hoy fue a visitarnos al instituto. Quería verlo porque también va a asistir con nosotros y...-
Sandeul le interrumpió.
-Estábamos hablando en el recreo. Channie de pronto empezó a marearse y perdió el conocimiento, entonces tuve que llamar a la ambulancia. Veo que tú no estabas por allí, una pena que no pudieses ayudar...-
Sandeul hizo un gesto que molestó bastante a Haru. Pero era cierto, últimamente ella y Channie no solían estar juntos.
Y ni pudo estar con él en aquel crítico momento...
-Eso es de lo que no me acordaba...- dijo Channie aún con cara dubitativa.
-Creo que deberías descansar ya que acaban de operarte.- dijo Sandeul intentando recostarle y tapándole con las sábanas.
-Sí, pero....-
Entonces Sandeul se dirigió hacía Haru y le tiró del brazo.
-Nosotros nos vamos. Descansa.- le dijo sonriéndole.
A Haru no le hacía gracia la idea de salir de allí con aquel chico, nunca le había caído especialmente bien.
Se deshizo de él de un tirón y se volvió a acercar a Channie.
-Tu madre estuvo aquí y le dije que se marchara al trabajo. Llámala más tarde, está preocupada. Y, descansa, ¿vale?-
Haru le dio un abrazo a Channie mientras estaba este recostado. Procuró no dárselo muy fuerte por miedo a poder hacerle daño.
Este se puso nervioso.
Entonces salieron de la habitación volviendo a despedirse.
El silencio entre Sandeul y Haru había permanecido todo el camino hasta salir del hospital.
El chico comenzó a hablar mirando al frente unos minutos después.
-¿Sabes? Siempre te he odiado desde que estábamos en preescolar. Luego en primaria ya ni podía verte. Supongo que te alegraste cuando tuve que mudarme a Estados Unidos, ¿no? Así tendrías a Gongchan todo el tiempo para ti. Realmente no me gusta lo cercano que sois, pero Gongchan siempre tiene una sonrisa preciosa cuando está contigo...-
Haru no dijo nada.
Entonces el chico siguió hablando.
-Al enterarme de que me iba, pensé "he perdido toda oportunidad con Gongchan, si acaso tenía alguna" y realmente sufrí. Por alejarme y no volver a verle o escuchar su voz...pero ahora que he vuelto, pienso intentarlo. Ya no soy más un niño de diez años. Ahora tengo dieciséis. He crecido lo suficiente y no me avergüenza esconder lo que soy. Voy a luchar por Gongchan y no voy a dejarte ganar, avisada quedas. A partir de ahora, prepárate.-
Sandeul le miró a los ojos por primera vez en toda la conversación. Sus ojos eran desafiantes.
Él solía ser el mejor amigo de la infancia de Gongchan y siempre jugaban juntos. Ciertamente, el chico había cambiado.
Ya no usaba las gafas que solía llevar y aquel pelo oscuro había desaparecido. Con razón no le había reconocido antes.
Entonces, el silencio de la tarde, se fundió entre los dos.
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