viernes, 25 de julio de 2014

Capítulo 13.

El aire de pueblo sin duda era mejor que el de Seúl.
Esa mañana el sol estaba fuera y una agradable brisa les hacía compañía a los pájaros que se escuchaban cantar a lo lejos.
Habían cogido su tren temprano y al fin llegaron a Cheongju.
En el viaje Dongwoo había estado hablando de un montón de cosas con la chica, parecía que su ánimo había subido algo desde la última noche. En cambio ahora estaba absorto mirando el paisaje que les rodeaba.
Seguro que todo aquello le traería muchos recuerdos, se dijo la chica.
La verdad, Cheongju era bastante grande, más de lo que se esperaba Inass.
Había mucha vegetación y los edificios y las casas eran bastantes bonitos. No tenía nada que ver con Seúl.
A lo lejos ya podían ver el hospital, el único que había en aquel pueblo.
Parecía bastante antiguo  y no tenía muchas plantas.
La fachada era blanca y azul con el símbolo de sanidad pintado en verde. En grande se podía leer: "Cheongju Hospital".
De pronto los dos aligeraron el paso inconscientemente y en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraban en la puerta principal.
Por fuera podría parecer bastante antiguo pero por dentro era muy moderno. La chica se sorprendió al notar esto.
Dentro había un lío de gente moviéndose de un lado a otro, la mayoría eran enfermeras o doctores, los demás pacientes que acababan de salir de sus respectivas habitaciones para tomar el aire y otros simplemente familiares esperando nerviosos.
Mientras Inass se había quedado embobada mirando el hospital de arriba a abajo, Dongwoo ya se había dirigido a recepción para preguntar por su madre.
La chica, al verle, fue corriendo hasta él.
Al otro lado de la mesa de recepción había una mujer joven, bastante morena y con mechas en el pelo. Esta estaba tecleando algo en un ordenador a la velocidad de la luz.
Dongwoo al parecer ya había dado el nombre de su madre y estaba esperando por el número de habitación.
-¿Shin ChoHee, verdad? Habitación 202.-
La mujer le dedicó una sonrisa a los dos chicos.
-Vale, gracias.-
Dongwoo cogió inmediatamente a Inass de la mano y anduvo rápido hasta el ascensor.
No sabía por qué pero de pronto a Inass se le habían quitado las ganas de estar allí. Solo de pensar en cuál podría ser la reacción de Dongwoo al ver a su madre, le aterraba.
Pero debía de ser fuerte porque si él la necesitaba no podía mostrarle que tenía miedo.
Ya habían llegado. Habitación 202.
Dongwoo tocó suavemente al primer golpe y al segundo ya lo hizo más decidido.
Al otro lado se pudo escuchar una voz diciendo que pasaran.
Dongwoo abrió la puerta de golpe.
La mujer que había al otro lado miró bastante curiosa y en cuanto vio a Dongwoo se puso muy contenta.
-¿Dongwoo...? ¿Qué estás haciendo aquí cariño?- contestó su madre mientras se erguía en la cama.
Dongwoo se quedó mirando hacia dentro sin dar ni un solo paso.
La habitación no era muy amplia, lo suficiente para que entrasen dos o tres personas.
La cama estaba al lado de la gran ventana que había al frente y cerca estaba la televisión.
Todo estaba muy iluminado con que las luces a esa hora no eran necesarias.
La madre de Dongwoo miró a su hijo apenada.
-¿Ha sido tu padre quien te ha contado esto, verdad? Yo le dije que no quería...no quería hacerte infeliz Dongwoo. Por eso no te conté, pero al final has acabado enterándote...mi pobre Dongwoo, mi bebé, él no debería sufrir por culpa de sus padres...-
Entonces la mujer miró hacia la ventana dándole la nuca a Dongwoo.
Este miró de pronto a su madre.
Inass, que había estado todo el rato a un lado para que la madre no pudiese verle, no podía soportar aquella situación y le dio un empujón a Dongwoo para que avanzase.
Pero no nada. Se encontraba como paralizado.
Entonces la chica se acercó hasta la mujer y se sentó en el borde de la cama junto a ella. Esta volvió la vista pensando que era su hijo quien se había acercado.
-¡Oh, vaya! ¿Quién eres?- preguntó la madre de Dongwoo sorprendida.
-Eso no importa ahora señora ChoHee.-
Inass le dedicó una sonrisa y le cogió de la mano.
-No tiene que preocuparse por su hijo. Le va bastante bien, se lo puedo asegurar. Y si fuese el caso contrario yo me encargaría de que eso no pasara.-
Entonces la chica apretó el puño con decisión delante de ChoHee.
Esta que llevaba un rato con cierta expresión triste, comenzó a reírse.
Inass se sentía genial en aquellos momentos.
De pronto se levantó y se acercó al chico. Este seguía paralizado.
Inass tiró de él hacia su madre con todas sus fuerzas.
Al final Dongwoo se paró allí, en frente de su madre, sin saber exactamente qué decir.
ChoHee le hizo un gesto para que se acercara más y poder darle un abrazo a su hijo.
Dongwoo se agachó y se enganchó alrededor de los brazos que había extendido su madre anteriormente.
Antes de poder decirle nada, este se echó a llorar.
Llorar como si fuese a explotar.
ChoHee acariciaba la cabeza de su hijo lentamente.
Esta había cerrado los ojos pero a pesar de todo no lloraba, solamente se dedicaba a consolar a su hijo.
-Dongwoo, no llores, mamá está bien, ¿vale?-
Sin embargo las lágrimas del chico no cesaban.
Inass, que no había parado de contemplar la escena tuvo que echar la vista a un lado porque no podía con ello más.
Hasta a ella se la habían escapado algunas lágrimas.
Después de un rato el chico paró de llorar y empezó a secarse los ojos llorosos con la ayuda de su madre.
Este se levantó entonces de la cama.
Suspiró hondo y le dedicó una sonrisa a su madre.
-Mamá, tú no me haces sufrir, tenlo siempre claro.-
-Está bien cariño...pero de verdad que no deberías haber venido desde Seúl hasta aquí solo para...-
-No digas eso. Esto es importante. Es normal que haya venido a verte. Sino fuese por papá...-
Dongwoo se detuvo.
Sí. Sino fuese por su padre él no estaría ahí. Ni se habría enterado de que su madre estaba ingresada en el hospital a causa de...a causa de eso.
ChoHee al ver a su hijo tan serio quiso cambiar de tema.
-No importa hijo.- la mujer suspiró.- Hacía tanto tiempo que no te veía...has cambiado. Y no solo digo físicamente. Esa chica te ha cambiado.-
ChoHee guiñó el ojo a Inass.
-¿Por qué no me has dicho que tienes novia? Ni me la presentas.-
Inass miró de golpe a Dongwoo el cual hizo lo mismo.
-Mamá, no es mi novia. Es solo una amiga. S-Se llama...-
-¡Inass, encantada!- la chica aún dominada por los nervios hizo una torpe reverencia.
-No eres de aquí, ¿verdad?-
-No, soy de Japón pero llevo varios años viviendo en Seul.-
-Mi hijo sabe bien. Se ha buscado a una japonesa. Como se nota que has salido a tu madre.-
Dongwoo avergonzado ante aquel comentario se dirigió hacia su madre.
-¡¡M-Mamá!!-
ChoHee comenzó a reírse a carcajadas.
Inass pudo ver como a Dongwoo le cambió la cara.
Ahora parecía más sereno.
Seguro que el solo hecho de ver a su madre así, riéndose, despreocupada de todo, le tranquilizaba un poco.
Habría pasado por momentos muy difíciles después de que le diagnosticaran el cáncer. Se podía comprobar solo al verle el pañuelo que le tapaba la cabeza.
-¿Planeáis pasar la noche aquí? Os dejaría la casa pero la pusimos en venta desde que estoy aquí...-
-Por eso no hay problema, cogeremos el tren de las seis y media para volver, mamá.- dijo Dongwoo con una media sonrisa.
-Está bien cielo.- ChoHee acarició el hombro de su hijo.- Inass, acércate.-
La chica extrañada dio un paso hacia delante.
ChoHee con un gran esfuerzo consiguió levantarse de la cama. Dongwoo no paró de sujetarla en todo momento pero esta se opuso a que le ayudase.
La mujer se lanzó sobre Inass dándole un fuerte abrazo.
"Gracias. Muchas gracias."
Y sin saber muy bien por qué, Inass comenzó a llorar...








Ese mismo día, dos horas más tarde....
-No puede ser.-
 Dongwoo miró por segunda vez el anuncio que colgaba en la puerta de la estación de trenes.
"Línea hacia Seúl: averiada. Por favor, perdonen las molestias."
Dongwoo cogió el papel y lo arrancó de cuajo tirándolo al suelo. Inass le tiró del pelo al ver la escena que estaba montando.
Este le devolvió una mirada de dolor y enfado.
-¿Pero qué haces? ¿Eres idiota? ¡Para!- dijo avergonzada mirando a todos lados.
-¿Y ahora qué hacemos?- preguntó Dongwoo desesperado.
-¿Por qué no alquilamos una habitación para una noche y ya está? Tiene que haber posadas por aquí, ¿no?-
-¿Posadas? Déjame pensar...-
Dongwoo se quedó un rato meditando.
-Ah, sí. Cerca de aquí hay una. Es la que más cerca queda pero es en mitad del bosque...-
-Bueno, eso no importa. Necesitamos un sitio donde pasar la noche. ¿Estará la línea arreglada para mañana...?-
-Seguramente. O eso escuché decir a unos que iban también para Seúl. No suelen tardar mucho en arreglarlas.-
Inass suspiró en modo de queja.
El chico le miró sin saber qué hacer, entonces tiró de ella fuera de la estación.
Si había algo importante que hacer ahora sin duda era encontrar la posada.
Hacía tantos años que no se pasaba por allí que realmente no sabía situarla en su lugar exacto. ¿Y qué pasaba si la habían cerrado?
Al final se veía durmiendo en el bosque con los animales. Después de un largo rato de paseo un rayo de luz le iluminó.
¡Allí estaba!
Siempre que iba de pequeño de "aventura" con sus amigos se topaban con ella y pensaban que se trataba de una casa encantada. ¿Cómo podía ser tan estúpido?
Cuando entraron una señora bastante entrada de años les recibió. Esta era bajita y con muchas canas en el pelo.
Se encontraba sentada en un sillón que había en la entrada y en cuanto vio a los dos chicos les incitó para que se acercaran.
-Vaya, hacía tiempo que no venían jovencitos por aquí...¿queréis una habitación?-
Daba algo de miedo aquella mujer, pensaron.
Inass miró a Dongwoo y le dijo con los ojos que contestara él.
-Sí, bueno, queríamos dos individuales...- contesto este bastante nervioso.
-Son 150,000 won por cada una, jovencitos.-
Dongwoo miró a Inass y entonces sacó su cartera. ¿¡200,000 won!? Pero si le quedaba un poco más de lo justo para comprar el ticket de vuelta a Seúl...
Entonces Inass hizo lo mismo. Como mucho le sobrarían 100,000 won del tren.
Los dos se miraron sin saber que hacer.
-Si no tenéis suficiente siempre podéis alquilar una matrimonial y pagarla entre los dos. Os saldría más rentable.- dijo la mujer que interpretó la situación sin necesidad de palabras.
-¿Cuánto cuestan...?- contestó Dongwoo.
-170,000 won. Y son más amplias que las individuales. ¡Es una ganga!-
Inass miró al chico desganada. Aquello no le hacía gracia pero solo el llegar hasta allí le había tomado una hora.
Eran las siete y casi empezaba a oscurecer. No les iba a dar tiempo a llegar al centro de Cheongju a buscar otro sitio. ¿Pero qué sitio? Seguro que hasta allí salía más caro.
-Yo tengo 100,000 won que me sobran del tren...¿y tú?- soltó la chica dirigiéndose a Dongwoo.
-60,000...- dijo mirando desilusionado su cartera.
La anciana suspiró.
-Está bien. Os la dejo a 160,000 solo porque veo que estáis en problemas realmente. ¡Pero ni un won más!- dijo levantándose del sillón.
Entonces los chicos soltaron una amplia sonrisa.
-¡Gracias, señora!- gritaron casi al unisono.
Esta se dirigió hacia un casillero y sacó unas llaves de allí. Número 9. Esa era su habitación.
Rápidamente fueron a instalarse.
Aquello no era nada del otro mundo. Las paredes eran antiguas y se notaba que no habían renovado la pintura.
El suelo tenía lozas también anticuadas, la cama de matrimonio era bastante normal y con sábanas de flores. Había una pequeña televisión en frente de esta y una puerta de lo que, seguramente, sería el baño.
Inass entró y dejó su mochila encima de la cama. Acto seguido se tiró sobre esta estirando todo su cuerpo.
El día había sido de lo más agotador.
Dongwoo se dirigió hacia el baño y salió con algo entre las manos.
-La mujer me dijo que había pijamas en los baños que podíamos usar.-
Dongwoo los lanzó hacia Inass y se cayeron encima de su cara.
-¡Idiota!- Inass quitó los pijamas de encima de su cara y se quedó mirándolos.- Bueno, al menos esto es mejor que nada...-
-En fin, ¿tienes hambre? Voy a ir a por algo.- dijo Dongwoo quitándose la chaqueta que llevaba puesta.
-Vale, cualquier cosa está bien.-
Dongwoo desapareció entonces por la puerta.
Inass se levantó de un salto y cogió una de los pijamas.
Dongwoo iba a tardar en regresar, pensó.
Entonces se metió en el baño.
Era bastante pequeño. Había un plato de ducha decorado con pegatinas y una alfombra roja en frente suya. Lo demás era todo lo normal que solías encontrarte allí.
Inass se quitó la camiseta con gran agilidad y en seguida comenzó a bajarse los pantalones que llevaba puestos.
Paró entonces cuando de pronto la puerta se abrió.
Era Dongwoo que había olvidado su móvil dentro del baño.
-¿Pero...qué?- Inass cogió lo más cerca que tenía y se lo tiró al chico.
Una de sus chanclas voló hasta la cabeza de este.
-¿Qué haces? ¡Para!-
Dongwoo salió en seguida del baño cerrando la puerta consigo.
Al otro lado aún podía escucharse al chico quejándose por el dolor.
-¡Estás loca! Me has hecho daño.-
-¡Tendrías que tocar la puerta antes de entrar, bruto!-
-¿Bruto yo? No me hagas reír. Además, pensé que solo lo estabas mirando. Yo que sabía que estabas...-
Entonces todo se quedó en silencio hasta que Dongwoo volvió a hablar.
-Ahora sí que salgo a por la cena, pero antes pásame el móvil que está ahí dentro.-
Inass miró a su alrededor y lo encontró encima del lavabo.
Esta se acercó a la puerta temblando de los nervios.
-Voy a abrir un poco, cógelo pero...no mires.-
-¿Por qué iba a mirar?-
Inass pasó el móvil por la pequeña abertura que había. Dongwoo lo cogió al otro lado sin ningún problema.
-No tardo, ahora vengo.-
-No hace falta que vengas.- dijo la chica cerrando la puerta definitivamente.

La noche ya se estaba presentando en Cheongju.
Dongwoo e Inass al fin acababan de terminar de comer.
No se habían hablado en todo el rato después del pequeño "incidente" ocurrido en el baño.
Simplemente se habían dedicado a cenar mirando la televisión.
Tampoco es que hubiese nada importante. Un dorama aburrido que estaban echando el cual nadie vería.
Los dos llevaban puesto ya el pijama blanco que la mujer había preparado para ellos.
Sería feo pero era realmente cómodo a la hora de usarlo.
Inass se levantó entonces del suelo donde habían estado comiendo los dos.
Se acercó hasta el lado derecho de la cama y lo destapó en un instante.
Dongwoo miró hacia atrás.
-¿Ya te vas a dormir?- dijo sorprendido.
-Sí. Estoy cansada.-
-¿Ni un "buenas noches?- contestó malhumorado.
-Buenas noches Shin Dongwoo.- dijo remarcando las sílabas de su nombre y mirándole atentamente.
Se echó a la cama en seguida tirándose como si fuese una piscina con bolas. Su cuerpo no aguantaba más el cansancio.
Sus agotados ojos no se permitían ya estar abiertos.
Lentamente fue cerrándolos y...se durmió.


Acabó despertándose con el silencio de la noche.
Se podían escuchar grillos a lo lejos. Qué raro se le hacía eso de estar rodeada de esos pequeños insectos.
Su cabeza le daba vueltas. Había perdido todo el sueño de golpe.
Entonces reparó en la presencia de otra persona en esa misma cama.
¡Dongwoo! Se había olvidado de él por unos segundos.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que se quedó dormida? ¿Estaría él ya también soñando?
La habitación se encontraba a oscuras.
Inass se giró hacia el chico.
Este se encontraba hacia arriba con los ojos cerrados.
Está durmiendo, se dijo.
La chica comenzó a quitarle los cabellos del flequillo que le tapaban media cara, suavemente, con dulzura.
-¿Qué estás haciendo?-
Su voz rebotó en toda la habitación. Entonces Dongwoo abrió los ojos.
Mierda.
La chica apartó la mano corriendo. ¿Qué estaba haciendo?
Sus actos involuntarios no tenían maldito sentido.
Inass se giró corriendo hacia el otro lado volviendo a adoptar la postura que tenía antes.
Dongwoo hizo lo mismo y se volvió hacia el lado de la chica cogiéndole la mano.
Inass se sobresaltó pero lo dejó estar.
Miraba hacia la nada, sonrojada.
Dongwoo suspiraba en su nuca, lo que le ponía más nerviosa aún.
-Mi madre lo ha dicho antes que yo con que eso me molesta...-
Inass no podía concentrarse bien con que no sabía a que se estaba refiriendo el chico.
-G-Gracias...por todo. Sé que si no fuese por ti no estaría ahora aquí y no hubiese hablado con mi madre...-  dijo el chico apretándole fuerte la mano a Inass.
Esta no dijo nada. No contestó.
¿Por qué su corazón iba tan rápido de repente? No lo sabía.
¿Por qué no le salían las palabras? Tampoco le entendía.
Entonces el chico cerró los ojos y...como un suspiro, se sumergió en un profundo sueño.










Capítulo 12.

Inass no paraba de dar vueltas en la cocina mientras ayudaba a su madre a preparar la cena.
Por mucho que se insistiera a ella misma que debía concentrarse en lo que estaba haciendo, no podía. 
Después de varios platos rotos y al ver a su hija tan distraída, Maki le quitó el cuchillo con el que llevaba media hora cortando las verduras.
Inass, que se se le había olvidado la presencia de su madre en aquel mismo lugar, se sorprendió al verla llegar.
Maki, apartando a su hija a un lado, se puso delante de la tabla y comenzó a trocear el apio que tenía en frente.
-¿Qué haces mamá, no estabas preparando tú el arroz? Déjame acabar con esto anda...- dijo Inass intentando recuperar su sitio.
-¿El arroz? ¿Te refieres al que acabé de hacer hace casi una hora? Ya estará hasta frío.-
Maki señaló hacia el otro lado de la encimera.
Inass miró hacia donde señalaba su madre. ¿Qué había estado haciendo ella de mientras?
-Da igual, déjame que lo hago rápido...-
-¿Bromeas? Si te dejo seguir con esto hoy acabarás cortándote la mano entera. Parece que estás en otro mundo. Anda, ve a llamar a tus hermanas para que vayan poniendo la mesa.- le contestó su madre.
La chica se sobresaltó al ver que hasta su madre se había dado cuenta de que hoy no era su día.
No había dejado de pensar en Dongwoo toda la noche.
Cuando Kibum le contó lo de su madre, el chico, se puso pálido. Pudo notar un ligero meneo en él, como si fuera a caerse.
De pronto comenzó a mirar a su padre con ira. Nunca había visto esa expresión en la cara de Dongwoo. 
A decir verdad no le solía mostrar su parte buena siempre pero ver a Dongwoo así de enfadado era...
Muy aterrador. Bastante.
Al final el chico acabó gritándole a su padre que no bromease con él y se metió corriendo tras las puertas del edificio donde vivía.
Kibum intentó seguirle pero fue imposibe. Dongwoo le metió un empujón y le derribó al suelo.
Después de todo aquello, el padre de Dongwoo, le acompañó a casa. La chica no entendía muy bien por qué su hijo le trataba así. A ella le parecía una persona bastante simpática. 
Alguna razón tendría. 
De algo estaba segura: le daba miedo preguntarle al chico.

La voz de su madre insistiéndole en que llamase a sus hermanas pequeñas y el horrible ruido del timbre de la puerta hizo volver a Inass al presente. Que capacidad de concentración más inútil tenía esa noche.
Maki miró a su hija dubitativa después de escuchar el timbre. La chica hizo lo mismo que ella.
Recibir visitas a esas horas no solía ser muy normal.
Inass, medio asustada medio decidida, fue a abrir la puerta.
En parte, esperaba que fuese una broma pero al abrir la puerta se dio cuenta de que no era así.
-¡P-PERO!-
Al otro lado apareció Dongwoo.
Iba con la misma ropa que antes solo que ahora llevaba todos los pelos despeinados y...
Tenía los ojos rojos, como si hubiese llorado.
Dongwoo era la última persona que se esperaba Inass en ese mismo instante.
El chico permanecía serio, sin decir nada.
Inass no sabía muy bien qué decir, aquello le había cogido realmente por sorpresa.
-Yo...esto...-
La chica no pudo acabar de hablar cuando justo él le interrumpió.
-¿Podemos...hablar? Solo será un momento.-
La chica tenía miedo. Pero no el miedo que había sentido antes al ver a Dongwoo mirar a su padre con esos ojos.
No. Miedo de ver cómo le había afectado al chico todo el asunto de su madre.
Como si fuese un animal salvaje, apareció corriendo por detrás Nanami, en busca de su hermana.
Esta se cortó justo al momento de ver a Dongwoo parado en frente de Inass.
El chico desvió su mirada hacia la niña pequeña que estaba escondida detrás de Inass.
-Oye Nanami, vete a ayudar a mamá y dile que salgo diez minutos, no tardo, ¿entendido?-
Inass puso las manos en los hombros de su hermana y le dio la vuelta haciéndole una señal para que se dirigiera a la cocina.
Esta obedeció y al instante ya había desaparecido por la primera puerta que se encontraba en el pasillo.
Inass respirando hondo se dio la vuelta y cerró la puerta detrás suya.
Esta cogió la mano del chico y le arrastró al parque que se encontraba justo en frente de su casa.
-Allí hablaremos mejor...- dijo Inass mirando hacia otro lado.
El chico después de soltarle todo aquello no había vuelto a hablar. Ahora simplemente se dedicaba a andar siguiéndole el paso a la chica.
-La verdad, el parque no es un lugar bastante bonito de noche...- dijo Inass pasando la entrada de este.
La chica le dirigió hacia la zona de los columpios y se sentó en uno de ellos.
Insistió para que Dongwoo hiciese lo mismo pero este simplemente se había quedado de pie delante suya, mirándola sin decir palabra.
Varios segundos de silencio acompañados de largos suspiros se rompieron gracias a la intervención del chico.
-Yo...quiero ir a ver a mi madre.-
Inass le observó triste.  El chico siguió hablando.
-Si te digo la verdad, no creo a mi padre, quiero demostrar que es verdad lo que dice con mis propios ojos. Pero, el problema está en que...-
-¿Qué problema hay?-
-...soy demasiado cobarde como para ir solo.-
Dongwoo bajó la mirada.
-Pero debes ir.-
-Lo sé. Y lo que quiero decir es que...- siguió hablando el chico.-Si podías venir conmigo, sé que es un favor muy grande y pesado pero...-
Inass se levantó del columpio y con un gesto delicado hizo que el chico le mirase.
Había estado con la cabeza agachada demasiado tiempo.
Entonces podía verlo, sus ojos llorosos.
A Inass se le partió el corazón en pedazos al verle así.
De forma delicada comenzó a acariciarle la mejilla.
Entonces este miró a los ojos de la chica. Inass, empezó a sonreírle mientras le quitaba las lágrimas que se le habían caído por el rostro en aquel instante.
-Idiota, para de llorar. ¿No ves que todo va a salir bien? Lo prometo.- 
Entonces, como si planease hacer todo lo contrario de lo que le dijese la chica, comenzó a llorar.
Aquella noche, después de muchos años sin llorar en público, lo hizo.
Y se sentía bien.
Tener a alguien a tu lado de esa manera, apoyándote.







miércoles, 9 de julio de 2014

Capítulo 11.

El pie derecho hacia delante.
A continuación le seguía el izquierdo acompañado de un intento de tocar a la puerta color caoba que tenía delante suya.
Pero nada, deshacía la operación que acababa de realizar y de nuevo se encontraba en la posición inicial.
¿Se adelantaba otra vez?
No. La simple idea de tocar el timbre era terrorífica.
Le había costado bastante localizarle ya de por sí aunque, seguramente, ni querría hablar con él. Normal, ¿qué tipo de persona le perdonaría todo el daño que ha causado? Ni él lo haría con sí mismo.
Aunque no perdía nada por intentarlo. Ser una familia de nuevo.
Todo aquello sonaba demasiado irrealista, su sueño utópico.
Kibum se tiró de la camiseta que llevaba puesta intentando estirarla. Respirando hondo cerró los ojos y acto seguido los abrió de nuevo.
Nunca había sido una persona tranquila pero últimamente había tenido que aprender a serlo.

"Esto no puede seguir así si quieres avanzar Kibum", se dijo.
Mirando de nuevo hacia la puerta que tanto temor le había causado los últimos minutos, se puso cerca alzando la mano para tocar el timbre.
"Diiiiiiiiiiiiiiing, dooooooooooong..."
El sonoro silencio después de que cesase el timbre era como cuchillos perforando sus oídos.
No había respuesta.
La espera se hacía más incómoda, su corazón no podía soportarlo.
Tenía que probar otra vez.
"Diiiiiiiiing, doooooooong..."
Nada. Nadie le abría la puerta.
Kibum dio un paso hacia atrás echándose los pelos a los lados.
¿Simplemente se iba sin más? No, no podía hacer eso.
Si tenía que quedarse un mes entero delante de esa puerta hasta que apareciese, lo iba a hacer.
Poniéndose de cuclillas con la espalda contra la pared se puso a pensar.
¿Dónde le encontraría ahora...?








Medio año antes por fin lo había decidido: quería salir de las drogas y el alcohol.
Siempre se lo había estado diciendo así mismo aunque, al final, acabó en el mismo lugar de todos los viernes por la noche.
El callejón donde está el bar Mew.
Este quedaba bastante lejos de su casa pero si era por ir a comprar drogas con las que subsistir no había ningún tipo de problema.
Pero esta vez era diferente, sí.
Su ex mujer no le creía, ¿y qué? Nadie en todo el pueblo lo hacía.
Cheongju era bastante pequeño y todos sus habitantes conseguían enterarse de todos los chismes con que, obviamente, sabían que Shin Kibum, sí, Shin Kibum estaba metido en las drogas.
Había un motivo oculto por el que dejarlas.
Desde que le dieron la mala noticia no pudo hacer más que pensar en su ex mujer.
"Ex mujer", sonaba tan duro.
Él seguía amándola como el primer día.
¿Por qué arruinaría su vida así?
Eran la familia perfecta.
No había ningún tipo de rumor sobre ellos. Su mujer y su hijo eran talentosos, alegres, unos auténticos personajes...
No hay hora en la que no se lamente por haberse metido en ese maldito mundo olvidándose de lo más importante, su familia.
La única familia que tenía y que le amaba.
Pero eso ya no volverá y él mismo ha sido el causante.

Kibum no paraba de darle vueltas a todo aquel asunto mientras por fin había llegado a la entrada de un instituto.
La entrada era bastante grande y daba al patio que estaba lleno de pistas de: baloncesto, tenis, fútbol....
Y al parecer había más por detrás del edificio. Alucinante.
El hombre había llegado al "Seoul High School of Arts".
Si de verdad querías ser alguien dentro del mundo de la música, el cine, los deportes, etc, sin duda debías de estar inscrito allí.
De pronto un ruido horrible sonó. La alarma.
Todos los alumnos salieron del edificio con unas ganas enorme.
El patio se llenó en un momento y Kibum, que estaba en medio de todo aquello, se asustó de lo fieras que eran algunos.
¿Cómo le encontraba entre tantos alumnos?
Para colmo hacía años que no le veía en persona, ¿cómo le iba a reconocer?
Todo era un caos.
Su hijo tendría ahora...esto...¿18 años?
¿Cómo no podía recordar bien la edad de su propio hijo? ¿Qué tipo de padre era?
Cada vez empezó a sentirse más y más nervioso.
Quizás solo debía preguntar por su nombre y daría con alguien que le conociese.
Sí, allí, con 19287428947218472184794189741897418941 chicos en el patio.
Kibum se acercó a un grupo de chicos que estaban cerca de un árbol.
En cuanto estaba a pocos metros de ellos desvió la mirada y fue hacia otro sentido.
No se veían muy amigables.
¿Y si...? ¡Claro! ¿Por qué no iba directamente a la sala de profesores y preguntaba por él?
A veces se asombraba de lo corto de mente que era para la edad que tenía.
Finalmente se metió en el edificio con paso decidido cuando, de pronto, le vio.
Estaba allí.
Después de tantos años y le había reconocido a la primera.
Estaba tan alto, tan cambiado...
Pero seguía siendo el mismo, su hijo.
"Hijo", no sabía si él tenía el derecho de llamarle así pero en aquel momento estaba demasiado emocionado.
Corriendo se acercó a él.
El chico, sorprendido, se giró para ver quien era.
Su expresión cambió al instante de girarse.
Su piel se puso pálida.
Kibum con una sonrisa en la boca empezó a volver a sus sentidos al fin.
¿Qué le dice ahora?
Si lo ha llamado sin más y él ni querría verle.
El chico le miraba sin saber muy bien qué decir o cómo reaccionar.
Entonces, Kibum, dio el paso.
-Vaya...cuanto..cuanto tiempo, Dongwoo.-
A el hombre casi no le salían las palabras.
Dongwoo seguía atónito.
Kibum puso su mano en el hombro de su hijo.
-Has cambiado las gafas que antes solías usar y tu pelo ha crecido mucho....-dijo intentando guardarse las lágrimas para sí.- Seguro que estás molesto ahora y tienes muchas cosas que decirme pero solo te pediré un favor, aunque no me lo merezca, escúchame primero, tenemos que hablar.-
Dongwoo se puso serio. Entonces cogió la mano que su padre tenía sobre su hombro y la apartó bruscamente.
A Kibum no le sorprendió su reacción.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías en qué instituto estaba?- dijo alzando la voz.
-Ese no es el problema ahora, hijo...-
-¿Qué ese no es el problema? ¡No! El problema eres tú y que estés aquí lo complica más todo. Y otra cosa, ¿hijo? Yo no soy tu hijo.-
Dongwoo empezó a elevar el tono cada vez más e hizo un intento de pegarle.
Jinyoung, que estaba detrás suya le detuvo en seco y le apartó de su padre.
-¡Jinyoung, quita! ¿No ves que...?-
-¡Basta ya! No grites.-
Jinyoung le tapó la boca con la mano antes de que siguiese pegando voces.
Kibum, viendo que no funcionaba, se puso de rodillas ante él.
-Dongwoo por favor, escúchame, es importante, sé que no merezco...-
-¿Te has puesto ya bastante en ridículo? Levántate y vete. Si no fuese por Jinyoung ahora mismo te habría..habría...- a el chico se le rompió la voz.
Dongwoo salió corriendo por el pasillo contrario, no podía aguantar más todo aquello.
Y dejando a su padre y a Jinyoung atrás se adentró en el lado contrario a donde daban las clases de bachillerato.
¿Qué más daba donde ir? Todo le parecía igual.
Ya no aguantaría más horas allí así que se saltaría las clases.
¿Y si se encontraba a su padre por la calle?
Definitivamente no podría soportar el no pegarle y si encima no está Jinyoung para sujetarle...
No paraba de andar con la cabeza cabizbaja pensando en todo aquello.

-Idiota.- dijo una chica pegándole una patada a Dongwoo por detrás.
Este ni vio a la chica acercarse de lo concentrado que estaba.
Inass quien fue corriendo hacia él a saludarle, se puso delante suya.
-¿Qué haces en el pasillo de las clases de secundaria?- preguntó Inass sonriéndole.
-A ti qué te importa.- le contestó Dongwoo mirando al suelo.
Inass no se esperaba aquel comentario. Dongwoo nunca había sido especialmente amable con ella pero últimamente le había demostrado que no era una mala persona. ¿Y si se había confundido?
No, realmente le pasaba algo.
-¿Qué te pasa...? Vas muy decaído.-
-¡He dicho que no te importa! ¡Déjame en paz!-
Dongwoo le gritó a la chica y otra vez se echó a correr.
Realmente no quería haberle hablado así pero en ese momento no estaba ni para controlar sus nervios.





La actitud del chico no le había gustado nada.
¿Qué necesidad tenía de gritarle? Ella no le había dicho nada, solo estaba preguntando si estaba bien.
¡Qué idiota! Cuando pensaba que no podía serlo más, va y le sorprende.
Pero no debía pensar más en él o se acabaría enfermando. Ahora tenía que ir a por unos papeles a la sala de profesores que le había encargado Haru.
Ni rastro del profesor que debía de dárselos.
Tenía los pies doloridos por los zapatos del uniforme con que con el consentimiento de los demás profesores, se sentó allí en una butaca a esperar. Desde luego allí vivían como reyes.
Los alumnos con sillas antiguas e incómodas y los profesores con butacas.
-Por casualidad no sabrás dónde está, ¿no?-
Casi toda la sala estaba en silencio. Solo había dos o tres profesores en sus respectivos ordenadores corrigiendo lo que parecían exámenes.
En la mitad de la sala se encontraba mi profesor de educación física, al único que conocía de allí, la verdad.
En frente suya había otro hombre. Solo se les escuchaba a ellos dos. El segundo no tenía pinta de ser profesor y al parecer estaba preguntando por alguien.
Su cara le sonaba pero no lograba acentuar el parecido con nadie.
El hombre era alto, con el pelo castaño oscuro, los ojos no eran muy grandes, más bien pequeños, las cejas muy finas y los labios normales. Iba vestido formalmente. Jeans y camiseta blanca acompañados de unas converse color verde.
Sin duda vestía "moderno" para la edad que aparentaba tener.
Inass se quedó mirándole un rato. De verdad que le sonaba y no sabía de qué. ¿Le había visto antes? Sí pero, ¿dónde?
El profesor y él miraron justo en dirección a la chica. Inass apartó corriendo la mirada hacia otro lugar.
Seguro que pensaría que se había quedado observándole como una boba.
Entonces los dos hombres se acercaron a ella.
Inass estaba cada vez más avergonzada.
-Kazum.-
El profesor hizo un gesto para que se levantara y así lo hizo.
Saludó al profesor de nuevo y luego al hombre que iba al lado.
Cuanto más le veía más le sonaba, sobretodo ahora de cerca.
-Ella es amiga de su hijo. A lo mejor sabe donde está.-
-Ah, ya veo.-
El hombre le echó una mirada indiscreta.
¿Quizás era su novia?
Inass cada vez más confusa acabó preguntando.
-¿Su...hijo?-
-Ah sí, se me olvidaba. Él es el padre de Shin, Shin Kibum. Está buscándole pero al parecer se ha ido a casa antes de que acabase el día...¿sabe usted por qué?-
-La verdad no.-
-¿No le importaría acompañar al señor Shin hasta la casa de su hijo? Pensaba hacerlo yo pero ya que usted le conoce mejor creo que sería una buena idea.- el profesor sonrió de oreja a oreja.
Los profesores de allí eran casi todos unos aprovechados, diciendo la verdad.
-No hay problema.-
El profesor le dio las gracias y despidiéndose de los dos se marchó de la sala.
-Esto...yo aún tengo que recoger unos papeles.-
-No pasa nada, puedo esperar. Lo siento si te molesto. Coger el metro en Seúl es aún demasiado complicado para mí. Me ha costado la vida llegar a este instituto. En Cheongju solo tengo que ir andando a los sitios o en bicicleta...-
-¿Cheongju? ¿De allí sois? Dongwoo nunca me dijo nada.-
-¿No? Seguro que habla poco de sí mismo, este chico.-
Los dos estaban como susurrando para no molestar a los demás profesores de la sala.
-La verdad no le conozco aún muy bien. Somos amigos desde hace poco.-
-Vaya, pues cuida bien de mi hijo, te lo encargo.-
Inass soltó una risa.
¡Normal que le sonase! Si Dongwoo y él son clavados.
-No te preocupes, aunque creo que no soy la adecuada para eso. ¿Y por qué ha venido? ¿Va a pasar unas semanas aquí con él o algo?- dijo Inass que le picaba la curiosidad.
-Pues, bueno...solo...yo...venía a hablar con él.-
-¿Hablar?-
Inass cada vez estaba más intrigada. Si su padre quería hablar con él en persona debía de ser realmente importante como para no decírselo por teléfono.
Verdaderamente no sabía mucho del chico y eso le mataba por dentro.
-Bueno, no sé si debería...-
El hombre le miró dubitativo.
-No importa ya que pareces una buena chica. Se trata sobre la madre de Dongwoo...-
-¿Su madre?- Inass empezaba a estar preocupada. Mucho.








El viento era un vaivén esa noche.
Dongwoo se había sentado en el banco que había en frente del edificio donde vivía nada más llegar.
Se saltó las horas restantes de clase como había planeado.
Ahora mismo se encontraba en paz consigo mismo. Sin nadie que pudiese molestarle.
Cerró los ojos respirando el aire de la noche.
Pronto subiría a casa, no podía casi mantenerse de pie. Había sido un día muy duro plagado de emociones.
Dongwoo abrió los ojos.
-¿Pero qué...?-
El chico metió un brinco en el banco donde estaba.
Al abrir los ojos se había encontrado con la cara de Inass observándole atentamente con los ojos muy abiertos.
-Te ha gustado mi sorpresa, lo sé.-
-¡I-Imbécil! ¿Qué estás haciendo tú aquí a estas horas?-
-¿Y tú por qué te saltas clases?-
Dongwoo se quedó callado.
Esta vez estaba más tranquilo y relajado por lo que no iba a saltar gritándole como esa tarde.
-Bueno, eso no importa, Dongwoo, tenemos que hablar...-
Inass empezó a darle patadas a las rocas del suelo.
-¿Por qué hoy todos os empeñáis en hablar conmigo? Qué pesados.-
Dongwoo suspiró.
Inass le miró con aires de tristeza. No sabía cómo contarle todo aquello. ¿Por dónde empezaba...?
El aire cada vez golpeaba más fuerte.
-¿Vas a hablar? Estoy esperando.-
La chica se había quedado sin palabras, todo aquello era muy duro para pronunciarlo en voz alta.
-Pues,...-
Dongwoo!-
Kibum apareció de pronto.
Dongwoo se levantó del banco de golpe.
Cuando iba a balanzarse sobre él Inass le cogió la mano.
Dongwoo bastante congelado se quedó mirándola.
¿Qué demonios? Se dijo.
Entonces su padre comenzó a hablar.
-Debes escucharme, aunque solo sea una vez, solo una.-
-¿Por qué debería?-
-Porque es importante.- Inass interrumpió en la conversación.
-Para escuchar lo de siempre mejor paso.-
Dongwoo no podía más.
Dongwoo! ¡No te enteras! ¡Escúchame!- Kibum perdió los nervios.- Es tu madre, tu madre...-
Entonces el chico miró a su padre inmediatamente.
¿Su madre...? ¿Su madre qué?
¿Qué pintaba ella en todo esto?
Sus palabras no podían salir de la boca, le daba miedo preguntar.
Comenzó a apretar la mano de la chica que todavía sostenía la suya.
Y entonces lo que no quería que pasara, pasó.

"Tu madre tiene cáncer."











domingo, 6 de julio de 2014

Capítulo 10.

La claridad del sol de la mañana ya estaba presentándose. Esta rozaba suavemente los ojos del chico que yacía en la cama.
Su estado de ánimo no podía ser peor. Había pasado toda la noche desvelado ya que la clavícula le estaba perforando. Sus deseos de que le quitaran los malditos puntos de una vez no podían ser más grandes.
Llevaba un buen rato con los auriculares puestos aunque haciendo caso omiso a la música que salía de ellos. En aquel momento se sentía demasiado miserable como para estar concentrado en la música.
¿Por qué su cuerpo tenía que ser así de débil? ¿No podía ser como su hermano Baro?
Este mismo fue ayer a visitarle antes de que acabase el horario de visitas.
Entró a la habitación con cara de angustia y en cuanto vio a su hermano allí, corrió para abrazarlo.
Baro era el tipo de persona que no le costaba nada demostrar sus verdaderos sentimientos.
Todo lo contrario de Channie.
Él y su hermano eran como el día y la noche.
No podía sentir más envidia de él. Sí, envidia. Quizás sonaba bastante egoísta.
Por otra parte adoraba a su hermano, ¿cómo no iba a hacerlo? No había persona más genial en el mundo que él. Siempre había sido su modelo a seguir. Cuando le preguntaban que cómo quería ser de mayor él siempre decía que sería como su hermano Baro.
Luego estaban sus padres, a los que tanto dolor les había causado su maldita enfermedad, con los que tanto había discutido, compartido tan buenos momentos...
Desde luego, a ellos también los adoraba. Algo normal ya que eran sus padres.
Y por último...
Por último estaba Haru. Si no tenía casi palabras para describir a Baro y sus padres, con ella era prácticamente imposible. 
Era la persona con quien había pasado toda su vida. Y sí, toda su vida no es exagerar.
Los padres de Channie y los de Haru son amigos desde la infancia, a todo esto había que añadirle que eran vecinos.
Desde pequeños siempre han pasado el rato uno en la casa del otro, hasta han dormido juntos. Cosa que ahora era impensable.
Todo como si fuesen verdaderos hermanos. "Su hermano pequeño". Eso es lo que consideraban que Channie era para ella. Sólo hermanos. ¡Cuánto odiaba eso!
Channie piensa que no hay nadie que la conozca mejor que él, siempre ha sabido que con quién verdaderamente quería estar, era con ella, pero, al parecer, él sentimiento nunca ha sido recíproco.
Lo peor es que últimamente han estado distanciándose más y más. Ya ni se acuerda de la última vez que volvieron a casa juntos, cosa que para ambos ya era normal desde hace mucho.
Para colmo ahora solo pasaba el tiempo con el chico ese...
El del pelo naranja. Ni se molestó en saber su nombre, pensar en él ya le hacía enfadar.
Cuanta más atención pusiera él en ella, más era ignorado.
Su presencia ya no importaba, se dijo.
El otro día cuando la llamó después de lo ocurrido en el aula de música ni se molestó en contestar el móvil. Él estaba bastante intranquilo por cómo se encontrase la chica ya que, precisamente ese día, se cumplía...
Bueno, no importa.
Su casa ese día estaría bastante tétrica y sin tener ella la culpa de nada, acabaría reprochándose.
Si tan solo pudiera hacer algo para arreglar la situación...
Pero no puede. Y por mucho que intente estar alrededor de ella, tampoco. Quizás simplemente esto tenía que ocurrir algún día, distanciarse, sin más...






En un día cualquiera del verano de 2005. 
Bueno, no cualquiera. El sol brillaba con más intensidad de lo normal y los termómetros parecían que podían romperse en cualquier momento.
Caminar esa tarde por la calle no era fácil. El calor podía aniquilarte si no llegabas a ser cuidadoso.
Sin embargo, allí estaban, pasando la avenida principal que daba camino a las tiendas y restaurantes.
A la cabeza iba el chico de cabello oscuro, dando saltos y tarareando lo que parecía una canción infantil.
Channie era un chico bastante alto para los siete años que tenía. Si había algo que destacaba de él, seguramente era su altura.
A unos metros detrás iba Haru, todo lo contrario que él. Ella era rubia, debido a que su padre no era nativo coreano, sino occidental. Y si hablamos de la altura pues...era normal. 
La niña estaba bastante entretenida tirándose de las trenzas que tenía hechas y procurando no pisarse el kimono.
Y os preguntaréis qué hacen en Corea del Sur con unos kimonos japoneses.
Esta noche se celebraba la "Japan Night" como todos los años, solo que a diferencia de otros, este iban los dos solos sin sus respectivos padres.

La Japan Night se basaba en los típicos festivales japoneses y la mayoría de la gente solía ir en kimonos, tradicionales de Japón, para asistir. Simplemente era un pequeño homenaje al país.

Por suerte para todos, según el hombre del tiempo las temperaturas empezarían a bajar dentro de unas horas.

Llevaban ya siglos caminando.
Las calles estaban llenísimas. La gente iba de un lado para otro, algunos usando kimonos, otros, ropa casual.
Luego estaban los típicos hombres con traje que seguramente irían a trabajar.
Todo estaba bastante decorado, por algunos sitios de rosa, simulando cerezos en flor y  otros con flores normales.
Había bastantes puestos: de comida, de accesorios, de juegos....
Haru que había dejado ya sus trenzas en paz empezó ahora a jugar con el broche con forma de mariposa que llevaba puesto en el pelo.
Realmente le gustaba aquel broche y como Channie lo había comprado para ella...tenía el doble de valor.

Pasaron delante de varios puestos. Los ojos de los niños brillaban junto a las luces de las tiendas.
La noche ya había llegado y ni siquiera se habían dado cuenta.
Un oleaje de luces turquesas y rosas inundaban la estrellada noche de Seúl.
La brisa, que al fin había hecho su gran aparición, regalaba una agradable sensación al chocar contra sus caras. 
Se podía respirar verano.
Las luces nocturnas por todos lados, la brisa, el dulce olor a algodón de azúcar, el ruido de los puestos y de la gente que estaba disfrutando esa noche fuera de sus casas, los niños corriendo de un lado para otro...
Sin duda las noches de verano eran las mejores, distintas de todas las demás.
Haru, que llevaba un buen rato distraída, puso sus ojos en el puesto dónde vendían peces de colores.
La mujer que lo llevaba era bastante mayor. Su pequeña altura y sus pelos con muchas canas ya, acompañados de su amplia sonrisa le convertía en una persona bastante singular y simpática.
En cuanto la chica se acercó le saludó moviendo la mano con gran energía. Haru, bastante cortada, le devolvió el saludo.
Aquel puesto no era bastante grande ni estaba muy iluminado pero parecía muy acogedor.
En las peceras había todo tipos de peces: azules, naranjas, verdes, algunos grandes, otros muy pequeños...
Haru se quedó embobada mirándolos, tanto que ni reparó en la ausencia de su amigo.



Channie, que se había perdido entre la multitud de gente, no podía dar con Haru. No paraba de gritar su nombre dando vueltas.
La gente simplemente se quedaba mirándole con cara de pena sin hacer nada, ni si quiera un, ¿te ayudo?
Cansado intentó buscar al guardia que estaría vigilando aquello esa noche.
Tampoco daba con él. ¿Qué pasaba hoy?
La próxima vez que saliese con Haru se aseguraría que llevase una correa de perro, se dijo. Así no pasaría más nada de esto. ¡Maldita sea!
Enfadado, siguió buscando.




Haru acababa de darse cuenta que se había separado de Channie. 
Con temor dio unos pasos hacia delante.
Había mucha gente, demasiada. Parecía que se habían multiplicado en unos segundos.
Intentó tranquilizarse a sí misma.
No podía.
Siempre iba a todas partes con Channie o sus padres. ¿Qué iba a hacer ella sola? Ni siquiera sabía cuidar de sí misma.
Desesperada empezó a tirarse del pelo.
Entonces se dio cuenta de otra cosa. ¡El broche que le había regalado Channie!
No estaba.
Se removió el pelo como una loca en su busca pero nada. Se le había caído y ni se dio cuenta.
¿Cómo podía ser tan tonta? 
Respiró hondo y se puso en busca.
No podía perderlo. Antes de encontrar a Channie, debía de encontrar el broche.
Cada vez que daba un paso, se chocaba con alguien. Allí ni se podía respirar por el agobio.
No podía soportárlo más con que se fue al césped que daba por detrás de los puestos, cerca del río. Allí no había ni un alma.
Se podía escuchar el bullicio del festival a lo lejos, como si fuese un susurro.
Se encontraba en el paraíso.
Nunca le habían gustado los sitios con mucha gente y ruido, le agobiaba demasiado.
Se tiró al césped y empezó a analizar la situación.
No sabía dónde estaba su amigo y había perdido el broche. Todo era horrible.
No podía quedarse más tumbada allí con que se puso de pie y decidió que lo más importante ahora era encontrar a Channie.
Al instante una mano agarró su brazo.
Haru gritó con todas sus fuerzas del susto que se había pegado.
Se giró y vio a Channie mirándole sorprendido.
-¿Por qué gritas? Soy yo, idiota.- dijo Channie preocupado.
Haru que aún seguía asimilándolo todo se puso a llorar.
Channie no sabía qué hacer ante aquello.
Entonces la chica se echó a sus brazos abrazándole con todas sus fuerzas.
Channie sonrojado simplemente dejó que le abrazase.
-E-Eh...si no fueses tan idiota no te habrías perdido.- dijo mientras finalmente apartaba a Haru de él.
Channie extendió su mano.
-A partir de ahora no voy a dejar que te separes de mí nunca, ¿m-me prometes que nunca más lo harás?- 
A Channie le había costado pronunciar todo aquello pero al final lo había hecho.
Haru que se estaba secando las lágrimas con el antebrazo finalmente cogió la mano del chico que anteriormente había extendido.
Channie se puso más rojo de lo que ya estaba. ¿Quizás había entendido su medio confesión y había aceptado?
Menos mal que al ser de noche no se podían ver bien sus caras sino se daría cuenta de lo sonrojado que estaba.
De repente unas luces de varios colores y monstruosos estruendos llenaron el cielo de la noche. ¡Fuegos artificiales!
Los dos se quedaron mirándolos sin pestañear. Entonces Channie miró a Haru.
Esta estaba prestando demasiada atención a los fuegos como para darse cuenta de que Channie le estaba mirando.
Luego miró abajo, todavía seguían cogidos de las manos. Ahora se puso más sonrojado.
Apartó la cabeza al lado contrario para que no le viese ahora con la luz de los fuegos.
Entonces el ruido paró y todo se volvió a quedar en silencio.
Cinco minutos de fuegos sin interrupciones.
Haru volvió a mirar a su amigo.
-Oye...- 
Un ruido, que provenía de un arbusto, interrumpió a Haru. Detrás de él salió una chica.
La chica aparentaba la misma edad que ellos. Su cabello era largo y negro y sus rasgos no parecían coreanos. ¿Extranjera?
Channie al verla soltó rápidamente la mano de Haru.
Los dos se quedaron un buen rato sin saber muy bien qué decir.
La chica entonces se acercó de una vez.
-Yo...tengo algo que deciros.-
Ella empezó a mirar al suelo.
Su acento era bastante extraño a pesar de que hablaba bien el coreano.
Acto seguido se metió la mano en el bolsillo del pantalón que llevaba.
Miró a Haru y extendió su mano hacia ella.
Entonces la abrió y...¡allí estaba! ¡Era el broche!
-Vi cuando se te cayó en la entrada y todo...todo este tiempo quise devolvértelo pero no sabía cómo hacértelo saber...lo siento. Luego te vi dirigiéndote hasta aquí y te seguí.-
Haru esbozó una gran sonrisa mientras cogía el broche.
Channie acababa de fijarse que no lo llevaba, había estado demasiado ocupado pensando en otras cosas.
-¡Ah, muchas gracias! He estado buscándolo como una loca y no daba con él...- Haru sonrió a la chica.
Entonces miró a Channie y este estaba bastante serio mirando a la nada. No le había importado que lo perdiese, menos mal.
Aunque suponía que ya sabía como era la chica, una despistada total. Esa noche lo había demostrado con creces.
En esta, una de sus últimas noches de verano, habían ocurrido demasiadas cosas en unas pocas horas. 
Se habían perdido, la promesa, la chica extranjera que le había devuelto el broche...
Sin duda había sido todo muy raro pero de algo estaban seguros los tres, nunca olvidarían lo que había ocurrido esa noche. O quizás, algunos sí...






Septiembre. Un nuevo curso estaba por comenzar. Su clase no había cambiado mucho desde el año pasado, solo unos tres se habían ido.
Como casi todos los años Haru se sentaba con su amigo Channie.
Eso era lo normal.
La primera mañana de inicio del curso fue un desmadre, todos gritando de un lado a otro, saltando, corriendo....
Todo era así hasta que apareció el profesor por la puerta.
De pronto todos se sentaron en sus sitios. La clase se había convertido en una especie de cementerio.
Detrás del profesor iba una chica que también llevaba nuestro uniforme escolar. ¿Por qué les sonaba...tanto?
-¡No puede ser!- Channie se levantó de su silla señalando a la chica.
Todos comenzaron a reírse y Haru tiró de él para sentarle en la silla de nuevo.
-Ejem...sé que está nervioso por comenzar el nuevo curso señorito Gongchan pero intente controlar sus ansias.- dijo el profesor.
Channie intentó esconderse detrás de las cabezas de los demás. 
Era esa chica. La chica del festival. La que había escuchado su maldita "confesión".
Haru miró algo confusa a Channie. Él nunca actuaba así.
-Bueno, después de este momento de distracción me  gustaría presentaros a vuestra nueva compañera, tratadla bien. Viene desde Osaka, en Japón. Bien, preséntate.- el profesor miró a la chica del cabello negro.
-H-Hola...-a la chica se le quebró la voz, se le notaba que estaba nerviosa.- Mi nombre es Inass Kazum, espero que nos llevemos bien.-
Y con una reverencia acabó su presentación.