El pie derecho hacia delante.
A continuación le seguía el izquierdo acompañado de un intento de tocar a la puerta color caoba que tenía delante suya.
Pero nada, deshacía la operación que acababa de realizar y de nuevo se encontraba en la posición inicial.
¿Se adelantaba otra vez?
No. La simple idea de tocar el timbre era terrorífica.
Le había costado bastante localizarle ya de por sí aunque, seguramente, ni querría hablar con él. Normal, ¿qué tipo de persona le perdonaría todo el daño que ha causado? Ni él lo haría con sí mismo.
Aunque no perdía nada por intentarlo. Ser una familia de nuevo.
Todo aquello sonaba demasiado irrealista, su sueño utópico.
Kibum se tiró de la camiseta que llevaba puesta intentando estirarla. Respirando hondo cerró los ojos y acto seguido los abrió de nuevo.
Nunca había sido una persona tranquila pero últimamente había tenido que aprender a serlo.
"Esto no puede seguir así si quieres avanzar Kibum", se dijo.
Mirando de nuevo hacia la puerta que tanto temor le había causado los últimos minutos, se puso cerca alzando la mano para tocar el timbre.
"Diiiiiiiiiiiiiiing, dooooooooooong..."
El sonoro silencio después de que cesase el timbre era como cuchillos perforando sus oídos.
No había respuesta.
La espera se hacía más incómoda, su corazón no podía soportarlo.
Tenía que probar otra vez.
"Diiiiiiiiing, doooooooong..."
Nada. Nadie le abría la puerta.
Kibum dio un paso hacia atrás echándose los pelos a los lados.
¿Simplemente se iba sin más? No, no podía hacer eso.
Si tenía que quedarse un mes entero delante de esa puerta hasta que apareciese, lo iba a hacer.
Poniéndose de cuclillas con la espalda contra la pared se puso a pensar.
¿Dónde le encontraría ahora...?
Medio año antes por fin lo había decidido: quería salir de las drogas y el alcohol.
Siempre se lo había estado diciendo así mismo aunque, al final, acabó en el mismo lugar de todos los viernes por la noche.
El callejón donde está el bar Mew.
Este quedaba bastante lejos de su casa pero si era por ir a comprar drogas con las que subsistir no había ningún tipo de problema.
Pero esta vez era diferente, sí.
Su ex mujer no le creía, ¿y qué? Nadie en todo el pueblo lo hacía.
Cheongju era bastante pequeño y todos sus habitantes conseguían enterarse de todos los chismes con que, obviamente, sabían que Shin Kibum, sí, Shin Kibum estaba metido en las drogas.
Había un motivo oculto por el que dejarlas.
Desde que le dieron la mala noticia no pudo hacer más que pensar en su ex mujer.
"Ex mujer", sonaba tan duro.
Él seguía amándola como el primer día.
¿Por qué arruinaría su vida así?
Eran la familia perfecta.
No había ningún tipo de rumor sobre ellos. Su mujer y su hijo eran talentosos, alegres, unos auténticos personajes...
No hay hora en la que no se lamente por haberse metido en ese maldito mundo olvidándose de lo más importante, su familia.
La única familia que tenía y que le amaba.
Pero eso ya no volverá y él mismo ha sido el causante.
Kibum no paraba de darle vueltas a todo aquel asunto mientras por fin había llegado a la entrada de un instituto.
La entrada era bastante grande y daba al patio que estaba lleno de pistas de: baloncesto, tenis, fútbol....
Y al parecer había más por detrás del edificio. Alucinante.
El hombre había llegado al "Seoul High School of Arts".
Si de verdad querías ser alguien dentro del mundo de la música, el cine, los deportes, etc, sin duda debías de estar inscrito allí.
De pronto un ruido horrible sonó. La alarma.
Todos los alumnos salieron del edificio con unas ganas enorme.
El patio se llenó en un momento y Kibum, que estaba en medio de todo aquello, se asustó de lo fieras que eran algunos.
¿Cómo le encontraba entre tantos alumnos?
Para colmo hacía años que no le veía en persona, ¿cómo le iba a reconocer?
Todo era un caos.
Su hijo tendría ahora...esto...¿18 años?
¿Cómo no podía recordar bien la edad de su propio hijo? ¿Qué tipo de padre era?
Cada vez empezó a sentirse más y más nervioso.
Quizás solo debía preguntar por su nombre y daría con alguien que le conociese.
Sí, allí, con 19287428947218472184794189741897418941 chicos en el patio.
Kibum se acercó a un grupo de chicos que estaban cerca de un árbol.
En cuanto estaba a pocos metros de ellos desvió la mirada y fue hacia otro sentido.
No se veían muy amigables.
¿Y si...? ¡Claro! ¿Por qué no iba directamente a la sala de profesores y preguntaba por él?
A veces se asombraba de lo corto de mente que era para la edad que tenía.
Finalmente se metió en el edificio con paso decidido cuando, de pronto, le vio.
Estaba allí.
Después de tantos años y le había reconocido a la primera.
Estaba tan alto, tan cambiado...
Pero seguía siendo el mismo, su hijo.
"Hijo", no sabía si él tenía el derecho de llamarle así pero en aquel momento estaba demasiado emocionado.
Corriendo se acercó a él.
El chico, sorprendido, se giró para ver quien era.
Su expresión cambió al instante de girarse.
Su piel se puso pálida.
Kibum con una sonrisa en la boca empezó a volver a sus sentidos al fin.
¿Qué le dice ahora?
Si lo ha llamado sin más y él ni querría verle.
El chico le miraba sin saber muy bien qué decir o cómo reaccionar.
Entonces, Kibum, dio el paso.
-Vaya...cuanto..cuanto tiempo, Dongwoo.-
A el hombre casi no le salían las palabras.
Dongwoo seguía atónito.
Kibum puso su mano en el hombro de su hijo.
-Has cambiado las gafas que antes solías usar y tu pelo ha crecido mucho....-dijo intentando guardarse las lágrimas para sí.- Seguro que estás molesto ahora y tienes muchas cosas que decirme pero solo te pediré un favor, aunque no me lo merezca, escúchame primero, tenemos que hablar.-
Dongwoo se puso serio. Entonces cogió la mano que su padre tenía sobre su hombro y la apartó bruscamente.
A Kibum no le sorprendió su reacción.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías en qué instituto estaba?- dijo alzando la voz.
-Ese no es el problema ahora, hijo...-
-¿Qué ese no es el problema? ¡No! El problema eres tú y que estés aquí lo complica más todo. Y otra cosa, ¿hijo? Yo no soy tu hijo.-
Dongwoo empezó a elevar el tono cada vez más e hizo un intento de pegarle.
Jinyoung, que estaba detrás suya le detuvo en seco y le apartó de su padre.
-¡Jinyoung, quita! ¿No ves que...?-
-¡Basta ya! No grites.-
Jinyoung le tapó la boca con la mano antes de que siguiese pegando voces.
Kibum, viendo que no funcionaba, se puso de rodillas ante él.
-Dongwoo por favor, escúchame, es importante, sé que no merezco...-
-¿Te has puesto ya bastante en ridículo? Levántate y vete. Si no fuese por Jinyoung ahora mismo te habría..habría...- a el chico se le rompió la voz.
Dongwoo salió corriendo por el pasillo contrario, no podía aguantar más todo aquello.
Y dejando a su padre y a Jinyoung atrás se adentró en el lado contrario a donde daban las clases de bachillerato.
¿Qué más daba donde ir? Todo le parecía igual.
Ya no aguantaría más horas allí así que se saltaría las clases.
¿Y si se encontraba a su padre por la calle?
Definitivamente no podría soportar el no pegarle y si encima no está Jinyoung para sujetarle...
No paraba de andar con la cabeza cabizbaja pensando en todo aquello.
-Idiota.- dijo una chica pegándole una patada a Dongwoo por detrás.
Este ni vio a la chica acercarse de lo concentrado que estaba.
Inass quien fue corriendo hacia él a saludarle, se puso delante suya.
-¿Qué haces en el pasillo de las clases de secundaria?- preguntó Inass sonriéndole.
-A ti qué te importa.- le contestó Dongwoo mirando al suelo.
Inass no se esperaba aquel comentario. Dongwoo nunca había sido especialmente amable con ella pero últimamente le había demostrado que no era una mala persona. ¿Y si se había confundido?
No, realmente le pasaba algo.
-¿Qué te pasa...? Vas muy decaído.-
-¡He dicho que no te importa! ¡Déjame en paz!-
Dongwoo le gritó a la chica y otra vez se echó a correr.
Realmente no quería haberle hablado así pero en ese momento no estaba ni para controlar sus nervios.
La actitud del chico no le había gustado nada.
¿Qué necesidad tenía de gritarle? Ella no le había dicho nada, solo estaba preguntando si estaba bien.
¡Qué idiota! Cuando pensaba que no podía serlo más, va y le sorprende.
Pero no debía pensar más en él o se acabaría enfermando. Ahora tenía que ir a por unos papeles a la sala de profesores que le había encargado Haru.
Ni rastro del profesor que debía de dárselos.
Tenía los pies doloridos por los zapatos del uniforme con que con el consentimiento de los demás profesores, se sentó allí en una butaca a esperar. Desde luego allí vivían como reyes.
Los alumnos con sillas antiguas e incómodas y los profesores con butacas.
-Por casualidad no sabrás dónde está, ¿no?-
Casi toda la sala estaba en silencio. Solo había dos o tres profesores en sus respectivos ordenadores corrigiendo lo que parecían exámenes.
En la mitad de la sala se encontraba mi profesor de educación física, al único que conocía de allí, la verdad.
En frente suya había otro hombre. Solo se les escuchaba a ellos dos. El segundo no tenía pinta de ser profesor y al parecer estaba preguntando por alguien.
Su cara le sonaba pero no lograba acentuar el parecido con nadie.
El hombre era alto, con el pelo castaño oscuro, los ojos no eran muy grandes, más bien pequeños, las cejas muy finas y los labios normales. Iba vestido formalmente. Jeans y camiseta blanca acompañados de unas converse color verde.
Sin duda vestía "moderno" para la edad que aparentaba tener.
Inass se quedó mirándole un rato. De verdad que le sonaba y no sabía de qué. ¿Le había visto antes? Sí pero, ¿dónde?
El profesor y él miraron justo en dirección a la chica. Inass apartó corriendo la mirada hacia otro lugar.
Seguro que pensaría que se había quedado observándole como una boba.
Entonces los dos hombres se acercaron a ella.
Inass estaba cada vez más avergonzada.
-Kazum.-
El profesor hizo un gesto para que se levantara y así lo hizo.
Saludó al profesor de nuevo y luego al hombre que iba al lado.
Cuanto más le veía más le sonaba, sobretodo ahora de cerca.
-Ella es amiga de su hijo. A lo mejor sabe donde está.-
-Ah, ya veo.-
El hombre le echó una mirada indiscreta.
¿Quizás era su novia?
Inass cada vez más confusa acabó preguntando.
-¿Su...hijo?-
-Ah sí, se me olvidaba. Él es el padre de Shin, Shin Kibum. Está buscándole pero al parecer se ha ido a casa antes de que acabase el día...¿sabe usted por qué?-
-La verdad no.-
-¿No le importaría acompañar al señor Shin hasta la casa de su hijo? Pensaba hacerlo yo pero ya que usted le conoce mejor creo que sería una buena idea.- el profesor sonrió de oreja a oreja.
Los profesores de allí eran casi todos unos aprovechados, diciendo la verdad.
-No hay problema.-
El profesor le dio las gracias y despidiéndose de los dos se marchó de la sala.
-Esto...yo aún tengo que recoger unos papeles.-
-No pasa nada, puedo esperar. Lo siento si te molesto. Coger el metro en Seúl es aún demasiado complicado para mí. Me ha costado la vida llegar a este instituto. En Cheongju solo tengo que ir andando a los sitios o en bicicleta...-
-¿Cheongju? ¿De allí sois? Dongwoo nunca me dijo nada.-
-¿No? Seguro que habla poco de sí mismo, este chico.-
Los dos estaban como susurrando para no molestar a los demás profesores de la sala.
-La verdad no le conozco aún muy bien. Somos amigos desde hace poco.-
-Vaya, pues cuida bien de mi hijo, te lo encargo.-
Inass soltó una risa.
¡Normal que le sonase! Si Dongwoo y él son clavados.
-No te preocupes, aunque creo que no soy la adecuada para eso. ¿Y por qué ha venido? ¿Va a pasar unas semanas aquí con él o algo?- dijo Inass que le picaba la curiosidad.
-Pues, bueno...solo...yo...venía a hablar con él.-
-¿Hablar?-
Inass cada vez estaba más intrigada. Si su padre quería hablar con él en persona debía de ser realmente importante como para no decírselo por teléfono.
Verdaderamente no sabía mucho del chico y eso le mataba por dentro.
-Bueno, no sé si debería...-
El hombre le miró dubitativo.
-No importa ya que pareces una buena chica. Se trata sobre la madre de Dongwoo...-
-¿Su madre?- Inass empezaba a estar preocupada. Mucho.
El viento era un vaivén esa noche.
Dongwoo se había sentado en el banco que había en frente del edificio donde vivía nada más llegar.
Se saltó las horas restantes de clase como había planeado.
Ahora mismo se encontraba en paz consigo mismo. Sin nadie que pudiese molestarle.
Cerró los ojos respirando el aire de la noche.
Pronto subiría a casa, no podía casi mantenerse de pie. Había sido un día muy duro plagado de emociones.
Dongwoo abrió los ojos.
-¿Pero qué...?-
El chico metió un brinco en el banco donde estaba.
Al abrir los ojos se había encontrado con la cara de Inass observándole atentamente con los ojos muy abiertos.
-Te ha gustado mi sorpresa, lo sé.-
-¡I-Imbécil! ¿Qué estás haciendo tú aquí a estas horas?-
-¿Y tú por qué te saltas clases?-
Dongwoo se quedó callado.
Esta vez estaba más tranquilo y relajado por lo que no iba a saltar gritándole como esa tarde.
-Bueno, eso no importa, Dongwoo, tenemos que hablar...-
Inass empezó a darle patadas a las rocas del suelo.
-¿Por qué hoy todos os empeñáis en hablar conmigo? Qué pesados.-
Dongwoo suspiró.
Inass le miró con aires de tristeza. No sabía cómo contarle todo aquello. ¿Por dónde empezaba...?
El aire cada vez golpeaba más fuerte.
-¿Vas a hablar? Estoy esperando.-
La chica se había quedado sin palabras, todo aquello era muy duro para pronunciarlo en voz alta.
-Pues,...-
-¡Dongwoo!-
Kibum apareció de pronto.
Dongwoo se levantó del banco de golpe.
Cuando iba a balanzarse sobre él Inass le cogió la mano.
Dongwoo bastante congelado se quedó mirándola.
¿Qué demonios? Se dijo.
Entonces su padre comenzó a hablar.
-Debes escucharme, aunque solo sea una vez, solo una.-
-¿Por qué debería?-
-Porque es importante.- Inass interrumpió en la conversación.
-Para escuchar lo de siempre mejor paso.-
Dongwoo no podía más.
-¡Dongwoo! ¡No te enteras! ¡Escúchame!- Kibum perdió los nervios.- Es tu madre, tu madre...-
Entonces el chico miró a su padre inmediatamente.
¿Su madre...? ¿Su madre qué?
¿Qué pintaba ella en todo esto?
Sus palabras no podían salir de la boca, le daba miedo preguntar.
Comenzó a apretar la mano de la chica que todavía sostenía la suya.
Y entonces lo que no quería que pasara, pasó.
"Tu madre tiene cáncer."
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