domingo, 6 de julio de 2014

Capítulo 10.

La claridad del sol de la mañana ya estaba presentándose. Esta rozaba suavemente los ojos del chico que yacía en la cama.
Su estado de ánimo no podía ser peor. Había pasado toda la noche desvelado ya que la clavícula le estaba perforando. Sus deseos de que le quitaran los malditos puntos de una vez no podían ser más grandes.
Llevaba un buen rato con los auriculares puestos aunque haciendo caso omiso a la música que salía de ellos. En aquel momento se sentía demasiado miserable como para estar concentrado en la música.
¿Por qué su cuerpo tenía que ser así de débil? ¿No podía ser como su hermano Baro?
Este mismo fue ayer a visitarle antes de que acabase el horario de visitas.
Entró a la habitación con cara de angustia y en cuanto vio a su hermano allí, corrió para abrazarlo.
Baro era el tipo de persona que no le costaba nada demostrar sus verdaderos sentimientos.
Todo lo contrario de Channie.
Él y su hermano eran como el día y la noche.
No podía sentir más envidia de él. Sí, envidia. Quizás sonaba bastante egoísta.
Por otra parte adoraba a su hermano, ¿cómo no iba a hacerlo? No había persona más genial en el mundo que él. Siempre había sido su modelo a seguir. Cuando le preguntaban que cómo quería ser de mayor él siempre decía que sería como su hermano Baro.
Luego estaban sus padres, a los que tanto dolor les había causado su maldita enfermedad, con los que tanto había discutido, compartido tan buenos momentos...
Desde luego, a ellos también los adoraba. Algo normal ya que eran sus padres.
Y por último...
Por último estaba Haru. Si no tenía casi palabras para describir a Baro y sus padres, con ella era prácticamente imposible. 
Era la persona con quien había pasado toda su vida. Y sí, toda su vida no es exagerar.
Los padres de Channie y los de Haru son amigos desde la infancia, a todo esto había que añadirle que eran vecinos.
Desde pequeños siempre han pasado el rato uno en la casa del otro, hasta han dormido juntos. Cosa que ahora era impensable.
Todo como si fuesen verdaderos hermanos. "Su hermano pequeño". Eso es lo que consideraban que Channie era para ella. Sólo hermanos. ¡Cuánto odiaba eso!
Channie piensa que no hay nadie que la conozca mejor que él, siempre ha sabido que con quién verdaderamente quería estar, era con ella, pero, al parecer, él sentimiento nunca ha sido recíproco.
Lo peor es que últimamente han estado distanciándose más y más. Ya ni se acuerda de la última vez que volvieron a casa juntos, cosa que para ambos ya era normal desde hace mucho.
Para colmo ahora solo pasaba el tiempo con el chico ese...
El del pelo naranja. Ni se molestó en saber su nombre, pensar en él ya le hacía enfadar.
Cuanta más atención pusiera él en ella, más era ignorado.
Su presencia ya no importaba, se dijo.
El otro día cuando la llamó después de lo ocurrido en el aula de música ni se molestó en contestar el móvil. Él estaba bastante intranquilo por cómo se encontrase la chica ya que, precisamente ese día, se cumplía...
Bueno, no importa.
Su casa ese día estaría bastante tétrica y sin tener ella la culpa de nada, acabaría reprochándose.
Si tan solo pudiera hacer algo para arreglar la situación...
Pero no puede. Y por mucho que intente estar alrededor de ella, tampoco. Quizás simplemente esto tenía que ocurrir algún día, distanciarse, sin más...






En un día cualquiera del verano de 2005. 
Bueno, no cualquiera. El sol brillaba con más intensidad de lo normal y los termómetros parecían que podían romperse en cualquier momento.
Caminar esa tarde por la calle no era fácil. El calor podía aniquilarte si no llegabas a ser cuidadoso.
Sin embargo, allí estaban, pasando la avenida principal que daba camino a las tiendas y restaurantes.
A la cabeza iba el chico de cabello oscuro, dando saltos y tarareando lo que parecía una canción infantil.
Channie era un chico bastante alto para los siete años que tenía. Si había algo que destacaba de él, seguramente era su altura.
A unos metros detrás iba Haru, todo lo contrario que él. Ella era rubia, debido a que su padre no era nativo coreano, sino occidental. Y si hablamos de la altura pues...era normal. 
La niña estaba bastante entretenida tirándose de las trenzas que tenía hechas y procurando no pisarse el kimono.
Y os preguntaréis qué hacen en Corea del Sur con unos kimonos japoneses.
Esta noche se celebraba la "Japan Night" como todos los años, solo que a diferencia de otros, este iban los dos solos sin sus respectivos padres.

La Japan Night se basaba en los típicos festivales japoneses y la mayoría de la gente solía ir en kimonos, tradicionales de Japón, para asistir. Simplemente era un pequeño homenaje al país.

Por suerte para todos, según el hombre del tiempo las temperaturas empezarían a bajar dentro de unas horas.

Llevaban ya siglos caminando.
Las calles estaban llenísimas. La gente iba de un lado para otro, algunos usando kimonos, otros, ropa casual.
Luego estaban los típicos hombres con traje que seguramente irían a trabajar.
Todo estaba bastante decorado, por algunos sitios de rosa, simulando cerezos en flor y  otros con flores normales.
Había bastantes puestos: de comida, de accesorios, de juegos....
Haru que había dejado ya sus trenzas en paz empezó ahora a jugar con el broche con forma de mariposa que llevaba puesto en el pelo.
Realmente le gustaba aquel broche y como Channie lo había comprado para ella...tenía el doble de valor.

Pasaron delante de varios puestos. Los ojos de los niños brillaban junto a las luces de las tiendas.
La noche ya había llegado y ni siquiera se habían dado cuenta.
Un oleaje de luces turquesas y rosas inundaban la estrellada noche de Seúl.
La brisa, que al fin había hecho su gran aparición, regalaba una agradable sensación al chocar contra sus caras. 
Se podía respirar verano.
Las luces nocturnas por todos lados, la brisa, el dulce olor a algodón de azúcar, el ruido de los puestos y de la gente que estaba disfrutando esa noche fuera de sus casas, los niños corriendo de un lado para otro...
Sin duda las noches de verano eran las mejores, distintas de todas las demás.
Haru, que llevaba un buen rato distraída, puso sus ojos en el puesto dónde vendían peces de colores.
La mujer que lo llevaba era bastante mayor. Su pequeña altura y sus pelos con muchas canas ya, acompañados de su amplia sonrisa le convertía en una persona bastante singular y simpática.
En cuanto la chica se acercó le saludó moviendo la mano con gran energía. Haru, bastante cortada, le devolvió el saludo.
Aquel puesto no era bastante grande ni estaba muy iluminado pero parecía muy acogedor.
En las peceras había todo tipos de peces: azules, naranjas, verdes, algunos grandes, otros muy pequeños...
Haru se quedó embobada mirándolos, tanto que ni reparó en la ausencia de su amigo.



Channie, que se había perdido entre la multitud de gente, no podía dar con Haru. No paraba de gritar su nombre dando vueltas.
La gente simplemente se quedaba mirándole con cara de pena sin hacer nada, ni si quiera un, ¿te ayudo?
Cansado intentó buscar al guardia que estaría vigilando aquello esa noche.
Tampoco daba con él. ¿Qué pasaba hoy?
La próxima vez que saliese con Haru se aseguraría que llevase una correa de perro, se dijo. Así no pasaría más nada de esto. ¡Maldita sea!
Enfadado, siguió buscando.




Haru acababa de darse cuenta que se había separado de Channie. 
Con temor dio unos pasos hacia delante.
Había mucha gente, demasiada. Parecía que se habían multiplicado en unos segundos.
Intentó tranquilizarse a sí misma.
No podía.
Siempre iba a todas partes con Channie o sus padres. ¿Qué iba a hacer ella sola? Ni siquiera sabía cuidar de sí misma.
Desesperada empezó a tirarse del pelo.
Entonces se dio cuenta de otra cosa. ¡El broche que le había regalado Channie!
No estaba.
Se removió el pelo como una loca en su busca pero nada. Se le había caído y ni se dio cuenta.
¿Cómo podía ser tan tonta? 
Respiró hondo y se puso en busca.
No podía perderlo. Antes de encontrar a Channie, debía de encontrar el broche.
Cada vez que daba un paso, se chocaba con alguien. Allí ni se podía respirar por el agobio.
No podía soportárlo más con que se fue al césped que daba por detrás de los puestos, cerca del río. Allí no había ni un alma.
Se podía escuchar el bullicio del festival a lo lejos, como si fuese un susurro.
Se encontraba en el paraíso.
Nunca le habían gustado los sitios con mucha gente y ruido, le agobiaba demasiado.
Se tiró al césped y empezó a analizar la situación.
No sabía dónde estaba su amigo y había perdido el broche. Todo era horrible.
No podía quedarse más tumbada allí con que se puso de pie y decidió que lo más importante ahora era encontrar a Channie.
Al instante una mano agarró su brazo.
Haru gritó con todas sus fuerzas del susto que se había pegado.
Se giró y vio a Channie mirándole sorprendido.
-¿Por qué gritas? Soy yo, idiota.- dijo Channie preocupado.
Haru que aún seguía asimilándolo todo se puso a llorar.
Channie no sabía qué hacer ante aquello.
Entonces la chica se echó a sus brazos abrazándole con todas sus fuerzas.
Channie sonrojado simplemente dejó que le abrazase.
-E-Eh...si no fueses tan idiota no te habrías perdido.- dijo mientras finalmente apartaba a Haru de él.
Channie extendió su mano.
-A partir de ahora no voy a dejar que te separes de mí nunca, ¿m-me prometes que nunca más lo harás?- 
A Channie le había costado pronunciar todo aquello pero al final lo había hecho.
Haru que se estaba secando las lágrimas con el antebrazo finalmente cogió la mano del chico que anteriormente había extendido.
Channie se puso más rojo de lo que ya estaba. ¿Quizás había entendido su medio confesión y había aceptado?
Menos mal que al ser de noche no se podían ver bien sus caras sino se daría cuenta de lo sonrojado que estaba.
De repente unas luces de varios colores y monstruosos estruendos llenaron el cielo de la noche. ¡Fuegos artificiales!
Los dos se quedaron mirándolos sin pestañear. Entonces Channie miró a Haru.
Esta estaba prestando demasiada atención a los fuegos como para darse cuenta de que Channie le estaba mirando.
Luego miró abajo, todavía seguían cogidos de las manos. Ahora se puso más sonrojado.
Apartó la cabeza al lado contrario para que no le viese ahora con la luz de los fuegos.
Entonces el ruido paró y todo se volvió a quedar en silencio.
Cinco minutos de fuegos sin interrupciones.
Haru volvió a mirar a su amigo.
-Oye...- 
Un ruido, que provenía de un arbusto, interrumpió a Haru. Detrás de él salió una chica.
La chica aparentaba la misma edad que ellos. Su cabello era largo y negro y sus rasgos no parecían coreanos. ¿Extranjera?
Channie al verla soltó rápidamente la mano de Haru.
Los dos se quedaron un buen rato sin saber muy bien qué decir.
La chica entonces se acercó de una vez.
-Yo...tengo algo que deciros.-
Ella empezó a mirar al suelo.
Su acento era bastante extraño a pesar de que hablaba bien el coreano.
Acto seguido se metió la mano en el bolsillo del pantalón que llevaba.
Miró a Haru y extendió su mano hacia ella.
Entonces la abrió y...¡allí estaba! ¡Era el broche!
-Vi cuando se te cayó en la entrada y todo...todo este tiempo quise devolvértelo pero no sabía cómo hacértelo saber...lo siento. Luego te vi dirigiéndote hasta aquí y te seguí.-
Haru esbozó una gran sonrisa mientras cogía el broche.
Channie acababa de fijarse que no lo llevaba, había estado demasiado ocupado pensando en otras cosas.
-¡Ah, muchas gracias! He estado buscándolo como una loca y no daba con él...- Haru sonrió a la chica.
Entonces miró a Channie y este estaba bastante serio mirando a la nada. No le había importado que lo perdiese, menos mal.
Aunque suponía que ya sabía como era la chica, una despistada total. Esa noche lo había demostrado con creces.
En esta, una de sus últimas noches de verano, habían ocurrido demasiadas cosas en unas pocas horas. 
Se habían perdido, la promesa, la chica extranjera que le había devuelto el broche...
Sin duda había sido todo muy raro pero de algo estaban seguros los tres, nunca olvidarían lo que había ocurrido esa noche. O quizás, algunos sí...






Septiembre. Un nuevo curso estaba por comenzar. Su clase no había cambiado mucho desde el año pasado, solo unos tres se habían ido.
Como casi todos los años Haru se sentaba con su amigo Channie.
Eso era lo normal.
La primera mañana de inicio del curso fue un desmadre, todos gritando de un lado a otro, saltando, corriendo....
Todo era así hasta que apareció el profesor por la puerta.
De pronto todos se sentaron en sus sitios. La clase se había convertido en una especie de cementerio.
Detrás del profesor iba una chica que también llevaba nuestro uniforme escolar. ¿Por qué les sonaba...tanto?
-¡No puede ser!- Channie se levantó de su silla señalando a la chica.
Todos comenzaron a reírse y Haru tiró de él para sentarle en la silla de nuevo.
-Ejem...sé que está nervioso por comenzar el nuevo curso señorito Gongchan pero intente controlar sus ansias.- dijo el profesor.
Channie intentó esconderse detrás de las cabezas de los demás. 
Era esa chica. La chica del festival. La que había escuchado su maldita "confesión".
Haru miró algo confusa a Channie. Él nunca actuaba así.
-Bueno, después de este momento de distracción me  gustaría presentaros a vuestra nueva compañera, tratadla bien. Viene desde Osaka, en Japón. Bien, preséntate.- el profesor miró a la chica del cabello negro.
-H-Hola...-a la chica se le quebró la voz, se le notaba que estaba nerviosa.- Mi nombre es Inass Kazum, espero que nos llevemos bien.-
Y con una reverencia acabó su presentación.






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