viernes, 25 de julio de 2014

Capítulo 12.

Inass no paraba de dar vueltas en la cocina mientras ayudaba a su madre a preparar la cena.
Por mucho que se insistiera a ella misma que debía concentrarse en lo que estaba haciendo, no podía. 
Después de varios platos rotos y al ver a su hija tan distraída, Maki le quitó el cuchillo con el que llevaba media hora cortando las verduras.
Inass, que se se le había olvidado la presencia de su madre en aquel mismo lugar, se sorprendió al verla llegar.
Maki, apartando a su hija a un lado, se puso delante de la tabla y comenzó a trocear el apio que tenía en frente.
-¿Qué haces mamá, no estabas preparando tú el arroz? Déjame acabar con esto anda...- dijo Inass intentando recuperar su sitio.
-¿El arroz? ¿Te refieres al que acabé de hacer hace casi una hora? Ya estará hasta frío.-
Maki señaló hacia el otro lado de la encimera.
Inass miró hacia donde señalaba su madre. ¿Qué había estado haciendo ella de mientras?
-Da igual, déjame que lo hago rápido...-
-¿Bromeas? Si te dejo seguir con esto hoy acabarás cortándote la mano entera. Parece que estás en otro mundo. Anda, ve a llamar a tus hermanas para que vayan poniendo la mesa.- le contestó su madre.
La chica se sobresaltó al ver que hasta su madre se había dado cuenta de que hoy no era su día.
No había dejado de pensar en Dongwoo toda la noche.
Cuando Kibum le contó lo de su madre, el chico, se puso pálido. Pudo notar un ligero meneo en él, como si fuera a caerse.
De pronto comenzó a mirar a su padre con ira. Nunca había visto esa expresión en la cara de Dongwoo. 
A decir verdad no le solía mostrar su parte buena siempre pero ver a Dongwoo así de enfadado era...
Muy aterrador. Bastante.
Al final el chico acabó gritándole a su padre que no bromease con él y se metió corriendo tras las puertas del edificio donde vivía.
Kibum intentó seguirle pero fue imposibe. Dongwoo le metió un empujón y le derribó al suelo.
Después de todo aquello, el padre de Dongwoo, le acompañó a casa. La chica no entendía muy bien por qué su hijo le trataba así. A ella le parecía una persona bastante simpática. 
Alguna razón tendría. 
De algo estaba segura: le daba miedo preguntarle al chico.

La voz de su madre insistiéndole en que llamase a sus hermanas pequeñas y el horrible ruido del timbre de la puerta hizo volver a Inass al presente. Que capacidad de concentración más inútil tenía esa noche.
Maki miró a su hija dubitativa después de escuchar el timbre. La chica hizo lo mismo que ella.
Recibir visitas a esas horas no solía ser muy normal.
Inass, medio asustada medio decidida, fue a abrir la puerta.
En parte, esperaba que fuese una broma pero al abrir la puerta se dio cuenta de que no era así.
-¡P-PERO!-
Al otro lado apareció Dongwoo.
Iba con la misma ropa que antes solo que ahora llevaba todos los pelos despeinados y...
Tenía los ojos rojos, como si hubiese llorado.
Dongwoo era la última persona que se esperaba Inass en ese mismo instante.
El chico permanecía serio, sin decir nada.
Inass no sabía muy bien qué decir, aquello le había cogido realmente por sorpresa.
-Yo...esto...-
La chica no pudo acabar de hablar cuando justo él le interrumpió.
-¿Podemos...hablar? Solo será un momento.-
La chica tenía miedo. Pero no el miedo que había sentido antes al ver a Dongwoo mirar a su padre con esos ojos.
No. Miedo de ver cómo le había afectado al chico todo el asunto de su madre.
Como si fuese un animal salvaje, apareció corriendo por detrás Nanami, en busca de su hermana.
Esta se cortó justo al momento de ver a Dongwoo parado en frente de Inass.
El chico desvió su mirada hacia la niña pequeña que estaba escondida detrás de Inass.
-Oye Nanami, vete a ayudar a mamá y dile que salgo diez minutos, no tardo, ¿entendido?-
Inass puso las manos en los hombros de su hermana y le dio la vuelta haciéndole una señal para que se dirigiera a la cocina.
Esta obedeció y al instante ya había desaparecido por la primera puerta que se encontraba en el pasillo.
Inass respirando hondo se dio la vuelta y cerró la puerta detrás suya.
Esta cogió la mano del chico y le arrastró al parque que se encontraba justo en frente de su casa.
-Allí hablaremos mejor...- dijo Inass mirando hacia otro lado.
El chico después de soltarle todo aquello no había vuelto a hablar. Ahora simplemente se dedicaba a andar siguiéndole el paso a la chica.
-La verdad, el parque no es un lugar bastante bonito de noche...- dijo Inass pasando la entrada de este.
La chica le dirigió hacia la zona de los columpios y se sentó en uno de ellos.
Insistió para que Dongwoo hiciese lo mismo pero este simplemente se había quedado de pie delante suya, mirándola sin decir palabra.
Varios segundos de silencio acompañados de largos suspiros se rompieron gracias a la intervención del chico.
-Yo...quiero ir a ver a mi madre.-
Inass le observó triste.  El chico siguió hablando.
-Si te digo la verdad, no creo a mi padre, quiero demostrar que es verdad lo que dice con mis propios ojos. Pero, el problema está en que...-
-¿Qué problema hay?-
-...soy demasiado cobarde como para ir solo.-
Dongwoo bajó la mirada.
-Pero debes ir.-
-Lo sé. Y lo que quiero decir es que...- siguió hablando el chico.-Si podías venir conmigo, sé que es un favor muy grande y pesado pero...-
Inass se levantó del columpio y con un gesto delicado hizo que el chico le mirase.
Había estado con la cabeza agachada demasiado tiempo.
Entonces podía verlo, sus ojos llorosos.
A Inass se le partió el corazón en pedazos al verle así.
De forma delicada comenzó a acariciarle la mejilla.
Entonces este miró a los ojos de la chica. Inass, empezó a sonreírle mientras le quitaba las lágrimas que se le habían caído por el rostro en aquel instante.
-Idiota, para de llorar. ¿No ves que todo va a salir bien? Lo prometo.- 
Entonces, como si planease hacer todo lo contrario de lo que le dijese la chica, comenzó a llorar.
Aquella noche, después de muchos años sin llorar en público, lo hizo.
Y se sentía bien.
Tener a alguien a tu lado de esa manera, apoyándote.







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