domingo, 18 de mayo de 2014

Capítulo 8.

Haru condujo a Jinyoung al aula de música.
Lo bueno de ser la presidenta de ese club es que podías ir cuando quisieras y usar los instrumentos que te diese la gana.
Jinyoung, que estaba confundido por el extraño comportamiento de la chica, no dijo nada en todo el camino.
Una vez allí, Haru le indicó que se sentase junto a ella en el banquillo del piano. Jinyoung accedió. Este se sentó lentamente mirando hacia el instrumento.
Haru sacó de su bolsillo unos papeles arrugados. Los puso sobre la mesa intentando alisarlos pero esto fue imposible.
Entonces se volvió hacia Jinyoung mientras ponía una pierna en el banquillo y se sentaba sobre ella.
Haru le miró a los ojos y luego bajó la mirada. Aún no tenía la confianza suficiente como para mirarle directamente.
Jinyoung que sí que le estaba mirando, empezó a suspirar.
-¿Y bien? ¿A qué viene tanto misterio?- dijo Jinyoung que ya empezaba a desesperarse de lo lenta que era la chica.
Haru dudó por un momento pero acto seguido se decidió a hablar.
-El chico de las ga...¡DONGWOO! Dongwoo me contó lo de...tus padres.-
A Haru empezó a incomodarle el tema de pronto y pasó suavemente sus dedos por las teclas del piano sin llegar a pulsar estas.
Jinyoung, que no se esperaba para nada que fuera a decirle aquello, se quedó pálido mirándola.
Hubo varios minutos de silencio.
-Ese Dongwoo es imbécil...- contestó Jinyoung susurrando mientras rompía el silencio.
Haru notaba que el chico había empezado a ponerse nervioso.
Esta tiró de la manga de Jinyoung intentando llamar su atención.
-Sé que es un tema en el que no debería meterme pero realmente...realmente me preocupas.-
Esta vez sí que le miraba a los ojos y el chico había adoptado una expresión seria.
-Sé que no soy nadie para meterme en tu vida ni decirte lo que está bien y lo que está mal.-continuó hablando.- Pero, ¿no sería mejor soltarlo todo de una vez y superarlo, dejando los buenos recuerdos contigo? Si sigues así solo conseguirás herirte y cada vez te costará más... ... ... ¿Qué...qué les pasó?-
Jinyoung se quedó un rato pensando con los ojos cerrados, los cuales parecían bastante cansados.
Haru pensaba que estaba cabreado y había dado todo por perdido cuando
de pronto este abrió los ojos y comenzó a hablar.
-Hace un año...-




18 de mayo de 2013.
Hacía una día horrible. El viento no paraba de resonar en las ventanas, parecía que estuviesen tirando bombas contra ellas.
Los truenos podían escucharse cerca y no había parado de llover desde la noche anterior.
Jinyoung, que estaba recostado sobre su cama leyendo un cómic, se había vuelto a quedar solo en casa.
Sus padres siempre andaban de viaje de negocios por lo tanto le tocaba cuidarse él mismo. Ya estaba acostumbrado puesto que además de esto, ellos tenían que ir a trabajar a la ciudad más cercana y había pasado tanto tiempo solo que ni él mismo podía contarlo.
Pero ese día era distinto. Era el cumpleaños de Jinyoung y sus padres le prometieron pasar el día con él. En cambio ahí estaba, solo, en la penumbra de su habitación intentando que no le afectase.
¿Cuándo fue el último cumpleaños que sus padres habían estado junto a él? Ni lo recuerda.
De hecho, tampoco recuerda la última ocasión que pasó más de tres horas junto a ellos hablando o pasando el rato juntos.
El trabajo lo era todo para sus padres.
No es que fuesen malos padres, querían lo mejor para su hijo y por eso intentaban que no le faltase de nada gracias a su arduo labor.
Jin no quería que se preocupasen tanto de él y les pedía que al menos, descansaran un poco.
Este había sido el motivo de tantas discusiones en la familia y el chico, al final, acabó dejando el tema.
Pero esa mañana no pudo contenerse más. ¿Acaso se ponen en su lugar? Siempre ha estado solo. La soledad de aquella casa ya formaba parte de él. ¿Alguna vez se habrían dado cuenta de todo el dolor que estaba guardando en su interior? 
Al final acabó gritándoles y reprochándoles que volvían a salir fuera del país y para colmo, en su cumpleaños.
Enfadado, se encerró en su habitación sin despedirse de ellos.
Y así, había pasado la mañana volando.
Jinyoung había dejado el cómic a un lado de la cama y se había recostado tapándose los ojos con el brazo.
Entonces el teléfono empezó a sonar interrumpiendo el silencio de la casa. Este lo ignoró pero el tono seguía insistiendo. Jinyoung, que ya estaba harto del ruido que hacía, se levantó de un golpe y fue escaleras abajo a contestar.
En cuanto cogió el teléfono escuchó la voz de su abuela al otro lado. Esta estaba bastante histérica y alterada y apenas podía entenderla.
-¿Abuela...? ¿Qué pasa? Relájate.- Jinyoung, que empezó a preocuparse por ella intentaba tranquilizarla.
Esta comenzó a llorar de la nada. Jinyoung, que cada vez entendía menos, volvió a preguntarle.
-Abuela, ¿qué está pasando? Respira y háblame.-
Su abuela que había conseguido estabilizarse un poco...consiguió cambiarle la vida con tres palabras.
-Enciende la televisión.- dijo su abuela intentando aguantarse las lágrimas.
-¿La tele..visión? Está bien.- El chico ya sí que estaba confuso del todo.- ¿Qué canal?-
-Jinyoungnie, cualquier canal, cualquiera...- 
Su abuela no pudo aguantar más y volvió a echarse a llorar.
Jinyoung se dirigó hacia el salón con el teléfono inalámbrico y encendió la televisión lo más rápido posible.
Puso el primer canal que pilló y allí estaba.
Un avión que se dirigía rumbo a Francia había caído al mar y seguían en busca de algún superviviente.
Jinyoung deseó que ese no fuese el avión en el que iban...iban sus padres.

"El avión que salió del aeropuerto de Incheon esta mañana a las 7:00 puso rumbo a Francia y después  de un cuarto de hora...."

La presentadora de las noticias se lo había confirmado. Lo era. Sus padres estaban allí.
A Jinyoung se le cayó el cielo encima.
Este se tiró al suelo de rodillas mirando la televisión fijamente. El teléfono rodó por el suelo. Se podía escuchar a su abuela llorando en la otra línea.
Esto había sido un golpe duro. 
Jinyoung se levantó y apagó la maldita televisión gritando. Entonces se dio la vuelta y vio una caja junto a una nota en la mesa del salón.
Se acercó y la abrió. Dentro había unos papeles.
Era una canción. Jinyoung la reconocía. Era la canción que su padre compuso en la época que tocaba en su pequeño grupo de música en el instituto.
A Jinyoung siempre le había encantando y hacía muchas veces que su padre se la cantara. 
Entonces leyó la nota que descansaba sobre la mesa.
"¿Qué mejor regalo para un cumpleaños que una canción? Nuestra canción. Ahora no es mía sino nuestra." Jinyoung le dio la vuelta y la nota acababa con un "te queremos."
Este que había empezado a llorar con todas su fuerzas, abrazó la nota volviendo a ponerse de rodillas.
Si antes sentía que estaba solo en casa, ahora lo hacía con más fuerza. 
Y ese dieciocho de mayo que había comenzado cumpliendo sus diecisiete años, lo había acabado con la pérdida de las dos personas que él más amaba en su vida, sus padres.




-... ... ...lo que más me molestó es que no pude despedirme de ellos. Ahora que lo recuerdo, sólo fui un egoísta. Supongo, que estaré arrepentido por eso toda la vida ya que, ahora no puedo cambiarlo.- Jinyoung se quedó callado.
Ya había terminado de contarle todo a la chica. Esta había estado escuchándole atentamente todo el rato y ahora se encontraba llorando.
-¿Por qué lloras idiota?- Jinyoung comenzó a secarle las lágrimas a Haru con la manga de su chaqueta.
Haru, ya más tranquilizada, inspiró fuertemente y dejó salir el aire.
Entonces miró a Jinyoung de frente.
-Esa canción que te regaló tu padre seguro que es muy importante para ti, ¿verdad? Yo también tengo una que lo es para mí.- Haru empezó a mirar los papeles que había sacado antes y dejado encima del piano.
-Hace un año, antes de que mis padres se divorciaran, encontré esta canción aquí, en el aula de música. Escuché a un chico cantarla, entonces me llevé los papeles sin querer y aún los guardo. Gracias a él tuve las fuerzas de enfrentarme a la separación de mis padres e incluso de meterme en el club de música.- Haru hizo una pausa.- Y ahora quiero compartirla contigo, para que te de fuerzas a ti también.-
Haru le sonrió y se puso en posición para tocar el piano.
Con gran maestría empezó a tocar la canción y acto seguido a cantarla.
Jinyoung se quedó escuchando con atención. Después de unos minutos acabó y se volvió hacia el chico de nuevo.
-Ya...está.-
La chica no sabía realmente qué decir.
-¿Quién...quién te cantó esta canción...?- le pregunto Jinyoung fuera de sí.
-Cuando encontré los papeles de pronto entró un chico y empezó a tocarla en este mismo piano. No sé quién fue, no me dio tiempo a verle pero su voz era realmente preciosa. Yo estaba...- Haru hizo una pausa.
-¿Estabas...?-
-Escondida para que no me viese nadie...-
-¿Escondida?-
-¡Sí! Escondida, ¿qué pasa? Dejemos el tema, eso no importa.- Haru se volvió sonrojada.
Seguro que pensaba que estaba loca.
Jinyoung comenzó a reírse.
Haru se volvió hacia él con intención de pegarle pero este le paró.
-Está bien, está bien....-Jinyoung dejó de reírse y se quedó mirándola.- Gracias por la canción.-
Haru volvió a apartar los ojos corriendo. 
Al instante sonó la puerta del aula de música abriéndose de un golpe.
Del otro lado salió Inass que estaba jadeando. La chica había venido corriendo hasta allí y no podía ni mantenerse en pie.
Dio su último esfuerzo hasta llegar al centro del aula donde se encontraba el piano.
Haru sobresaltada se levantó corriendo del banquillo y fue al lado de su amiga.
-¿Qué pasa Inass?- le preguntó Haru preocupada.
-Channie, es...Channie....se lo han tenido que llevar al hospital.- le dijo.
Haru que creía que había escuchado mal, le volvió a preguntar.
-¿Qué...? ¿No será por...?-
-Sí.-
La chica se puso muy seria inmediatamente, entonces salió corriendo del aula. En las últimas veinticuatro horas ni se había acordado de Channie.
El otro día ya se encontraba raro y ella ni le había hecho caso, a él, a su mejor amigo.
Inass que antes había pegado la carrera de su vida para intentar avisar a Haru, corrió detrás de su amiga dando su último esfuerzo.
Jinyoung, seguía allí, sentando en el aula de música intentando asimilar todo aquello. Con aire de melancolía empezó a tocar el piano. Aquel piano de cola blanco que tanto le gustaba.

viernes, 9 de mayo de 2014

Capítulo 7.

El día anterior se había quedado encerrada en su habitación con el pretexto de que estaba enferma. Su padre se preocupó bastante por ella al ver que no había salido si quiera de la cama. Pero ya era viernes y un nuevo día estaba por comenzar.

6:30 de la mañana. Nadie en su casa estaba en pie todavía.
Quería llegar los más pronto posible al instituto para que nadie pudiese verla.
El día anterior Channie la llamó varias veces y se limitó a mirar su móvil sin contestar. 
Sólo le tomo diez minutos llegar desde su estación más cercana al instituto. El tren a aquellas horas estaba realmente desierto. Cuando llegó lo primero que hizo fue meterse en el aula de música. Allí era donde realmente se sentía bien cuando necesitaba despejar su mente.
Se sentó en una esquina, escondida detrás de una gran mesa. Estaba sumergida con lo música que salía de sus auriculares. Estas últimas horas no había parado de pensar. Su mente no podía permanecer quieta.
Al menos estando allí podía relajar su mente sin salir herida.
De pronto se acordó de su caída la noche anterior. Fue realmente vergonzoso. 
Aunque eso no fue nada comparado con lo que pasó después...
Realmente lo pasó mal con Jinyoung la noche anterior. No paró de darle vueltas. Pero todo fue un error, así que...¿qué más da?

Apoyando la cabeza en la pared, Haru cerró los ojos lentamente. No había dormido casi nada esa noche.
Dejó fluir sus pensamientos.
De pronto notó unos pasos y pudo sentir la presencia de alguien. Abrió los ojos.
Era Channie.
Estaba allí, enfrente suya de pie, parado mirándola con la expresión muy seria.
Haru atónita, casi se desmaya ya que no se esperaba a nadie a aquellas horas y menos, en el aula de música.
-C-Channie...- dijo la chica con la voz apagada.
El chico que seguía sin decir palabra le hizo un gesto para que se levantase.
Esta que accedió, alzó la mano para que le ayudase.
Gongchan al fin habló.
-¿Se puede saber por qué me has estado ignorando?- preguntó realmente enfadado.
Haru veía que a Channie le había molestado mucho que no le contestara al móvil.
-Yo...lo siento. No estaba de humor.- 
Gongchan que seguía con la misma cara no dijo nada.
-No te enfandes. Venga, Channie ~ Te digo la verdad.-
Haru empezó a tirar del brazo de este. Channie que no aguantaba más se la quitó de encima y salió del aula como un rayo. 
La chica no comprendía nada. Channie no era de los que se enfadaban por ese tipo de cosas. 
Estaba ya cansada y no habían comenzado ni las clases. 
Huyó de allí con los hombros agachados. Al salir se encontró con su tutor. Él era el supervisor del club de música y además, su profesor de historia.
Con educación y formalmente le saludó.
Este que acababa de ver a la chica le devolvió el saludo y la paró un momento.
-Vaya, hoy sí que has venido temprano. Ayer faltaste, ¿qué pasó?-
-Esto...-
-Bueno, con que justifiques la falta y pidas los apuntes no pasa nada. Quería comentarte otra cosa. Jung Jinyoung.- 
A Haru casi se le sale el corazón al oír su nombre.
-Su matrícula tenía un error. Quise devolvérsela para que lo corrigiera pero ayer faltó también. Ya que está en el club del cual eres presidenta, ¿por qué no le llevas tú los papeles?-
-¿Y-Yo...?-
-Sí, se lo iba a pedir a alguien de su clase pero creo que tú eres más responsable. Además yo hoy no puedo llevárselo y lo necesito cuanto antes. Lo siento si es mucha molestia.-
-No, no pasa nada. Déjamelo a mí.- le dijo la chica con una sonrisa forzada en la cara.
-¡Muchas gracias! Realmente te debo una. Te daré los papeles en el recreo.-
El hombre se despidió cortésmente y se marchó por el lado contrario.
Haru no podía creer que todo aquello le pasara a ella. En fin. No había más remedio. No podía decirle que no a un favor.
Entonces se dirigió escaleras abajo a su clase. Seguramente Inass ya habría llegado y quería verla.




Esa tarde salió muy temprano del instituto. Otro día más tuvo que cancelar la clase de canto. Las chicas estarían realmente molestas y no le extrañaba.
Llevaba un rato pasando una gran calle con muchos edificios altos. Parecía que se encontraba en Nueva York o algo por el estilo. 
El mapa y la dirección que le habían dado no eran muy concisos pero después de preguntarles a varias personas consiguió dar con el lugar correcto.
Después de caminar bastante se paró en frente de uno de los edificios. Este parecía bastante moderno y...caro.
La gente que vivía ahí seguramente serían la mayoría ricos.
Haru entró y cogió el ascensor. Se dirigía a la última planta. 
El característico sonido del ascensor anunció la llegada a la décima planta. 
La chica salió de allí. "1770..." "1770...". El pasillo de la planta en la que se encontraba era larguísimo. Estaba decorado con varias macetas con plantas y una gran alfombra en el suelo. Por fin encontró el piso 1770 después de varios intentos. 
Puso su dedo sobre el timbre mientras pensaba cuándo debía de tocar. Se sentía estúpida en ese mismo instante. En cuanto antes llamase a la puerta antes terminaría con todo eso.
3, 2, 1...
El sonido del timbre se escuchó por todo el pasillo.
Después de varios segundos abrieron la puerta. Allí apareció Jinyoung todo despeinado y solo en ropa interior.
Haru que no se esperaba aquello se dio la vuelta rápidamente.
-¿Qué...haces..tú...?-
Jinyoung que parecía bastante mareado empezó a alborotarse el pelo confundido.
Haru le señaló que se pusiera algo de ropa. Algún vecino podría verle.
Jinyoung, al que le había costado entender lo que la chica le estaba diciendo, condujo a esta hacia dentro de un tirón.
Una vez allí le dijo que tomara asiento y fue a por algo de ropa.
El interior del piso era bastante ancho. Todo estaba muy bien ordenado. Las paredes pintadas de un color suave eran realmente elegantes, el suelo era de mármol.
Había unas cuantas pinturas de paisajes colgadas por el salón. 
En el centro un gran sofá, una mesa y un televisor.
Las demás habitaciones no podían verse ya que tenían todas la puerta cerrada.
Todo era sencillo pero con su pequeño toque de gracia.
De una de las puertas salió el chico. Este, ya se había puesto una camiseta pero seguía llevando la ropa interior al descubierto.
-¿Sabes? No me hubiese importado quedarme sólo en ropa interior para ti.-
Haru nerviosa sacó los papeles de la matrícula para cambiar rápidamente de tema.
-Aquí.- Haru dejó los papeles en la mesa que tenía en frente.- El profesor de historia me ha dicho que tienes que rectificar algo de tu matrícula...-
Jinyoung miró los papeles que acababan de caer allí.
Se acercó serio y lo releyó.
-No tiene ningún fallo.- dijo tajante- Devuélveselo al profesor.-
Jinyoung le devolvió la matrícula a Haru.
El humor de Jinyoung había cambiado en un instante.
-Pe...ro...Si no le llevo esto bien al profesor no van a procesar tu matrícula correctamente, ¿sabes?-
-¿Y?-
-Que pueden echarte del...instituto. Y sólo llevas un día.-
-Que hagan lo que quieran.-
Jinyoung se tiró al sofá cerca de la chica, estirando las piernas y acomodándose.
-P-Pero...-
La puerta por la que había salido antes Jinyoung se abrió de pronto. De ella salió una chica bastante alta que parecía extranjera. La chica estaba con un vestido muy corto con el que podía verse su ropa interior. El pelo despeinado le colgaba por los hombros. Esta, salió bostezando y mirando a su alrededor como si se encontrase en Marte.
Jinyoung, que se había levantado de golpe miró a la chica sobresaltado y luego miró a Haru. Su cara totalmente decía que le habían pillado. 
-¿Buenos...días?- 
La chica que acababa de reparar en nuestra presencia nos saludó acercándose yendo de un lado para otro. Parecía ebria.
Jinyoung se acercó a ella para echarla del salón y le ayudó a llevar sus cosas.
La chica se pegaba a él como una lapa. Entre ebria y recién levantada que estaba montó una escena digna de contemplar.
Después de un portazo Jinyoung se giró y empezó a silbar.
-Si querías que no os molestase sólo haberlo dicho. Bueno, arregla los malditos papeles, tengo que irme.- 
Haru se había girado y ni le miraba.
Jinyoung volvió a ir hacia el sofá y cogió los papeles que tenía Haru cogidos. Fue a por un bolígrafo que tenía cerca y empezó a escribir. En menos de un minuto ya lo tenía.
-Listo, ¿satisfecha?- el chico lanzó los papeles sobre la mesa.
Haru los recogió y les echó un vistazo por si se estaba quedando con ella. Ya ni se fiaba de él.
Entonces levantó la vista hacia Jinyoung con cierto aire de sarcasmo.
-¿Qué es esto? ¿Te estás quedando conmigo?-
Haru le dio la vuelta a la matrícula y se la mostró señalando el garabato que había hecho sobre el papel.
Jinyoung que se había dado la vuelta y se fue por una de las puertas, esta vez, la que daba justo al lado de la habitación por donde había salido la chica antes, volvió con un vaso lleno de lo que parecía alcohol.
Posteriormente fue cuando la chica se dio cuenta de que todo este rato le había costado mantenerse de pie. Se movía raro.
-¿Tú también estás...ebrio?-
Lanzó la pregunta casi sin pensar.
-¿Qué importa? ¿Qué haces todavía aquí? Ya acabé con la matrícula.- dijo mientras bebía el contenido de su vaso.
-Has pintado toda tu matrícula. ¿Qué quieres que haga? Ojalá pudiese ya marcharme a casa.- contestó enfadada.
Este no escuchó su comentario. Estaba demasiado ocupado bebiendo.
Haru que odiaba que le ignorasen avanzó hacia él lo más rápido que pudo y le quitó el vaso.
Este enfadado comenzó a protestar.
-¿¡Pero qué...!? Dáme..lo.-
-No. ¿Te has visto? No puedes ni hablar bien.-
-¿¡A ti qué te importa!?- contestó gritando.
-No seas inmaduro.-
-¿Inmaduro? ¿Qué sabrás tú?-
Entonces la chica le pegó un guantazo al no poder aguantarse más.
-Pues sí. Pienso que has faltado a clases por algo serio y estás aquí acostándote con una tía y bebiendo alcohol. In-ma-du-ro.-
Jinyoung se quedó varios segundos mirando a la chica con expresión enojada. Luego su cara se puso blanca y comenzó a llorar.
Haru que no sabía si aquello era una broma o qué es lo que era exactamente, se limitó a mirarle.
No le conocía mucho y lo poco que sabía de él es que era un pervertido y un gilipollas pero no le gustaba ver a la gente llorar. 
Y estaba claro que lloraba de verdad. Quizás se había pasado con el golpe, ¿quizás?
Haru abrazó al chico inmediatamente y este se dejó. Entonces empezó a llorar con más intensidad y apoyó su cabeza sobre el hombro de la chica. Él la abrazaba más y más fuerte. Haru comenzó a acariciarle el cabello como si se tratase de un niño pequeño. Así estuvieron varios minutos hasta que el chico se tranquilizó. Ya no lloraba, simplemente abrazaba a la chica, con todas sus fuerzas y sin soltarla por un segundo.
-L-Lo siento si te he hecho daño con el guantazo...-
El chico no dijo nada.
A Haru le pareció escuchar una pequeña risa pero no sabía si eran sus imaginaciones o sólo se trataba de un suspiro.
Al rato se abrió la puerta. Jinyoung sobresaltado apartó a Haru hacia un lado al ver que Dongwoo apareció por la puerta de la entrada.
Dongwoo se sorprendió al entrar pero no lo aparentó.
Jinyoung que seguía sin palabras se lanzó otra vez sobre el sofá.
-Jin, ten más cuidado que aún no hemos acabado de pagar el sofá, bestia.- entonces puso su mirada en la chica.- No me creo que tú seas la nueva víctima para esta noche de este tipo.-
-¡OYE!- Jinyoung que se había incorporado empezó a gritarle a Dongwoo.
Jinyoung miró a Haru.
-No le hagas caso. Otra cosa, yo te llevaré los papeles mañana, no te preocupes. Esta vez los arreglaré de verdad.- le prometió en tono serio.
-Está bien, pero llévalos de verdad.-
-Por otro lado, ya es muy tarde. ¿Dónde vives?-
-En Ansan...-
-¿¡ANSAN!? ¡Pero si eso está lejísimos de aquí!-
-En tren se llega rápido, son sólo unas paradas.-
-¿Y crees que te voy a dejar ir sola a las once de la noche en tren?-
-¿Once? ¿Pero qué dices...?-
Haru miró su reloj y un poco más y se cae para atrás al ver la hora. Supongo que era normal ya que llegar allí le había costado bastantes horas pero....¡¡¡LAS ONCE!!!
-No. Tú te quedas aquí.-
Dongwoo señaló a Jinyoung.
-Yo la llevaré.-
-¿Pero qué dices? Ni de coña.- Jinyoung se levantó hasta donde estaba Haru y le tiró del brazo.
-Te he dicho que no Jin. Estás muy borracho. De aquí no sales.-
-¡PERO...!-
-No discutas conmigo.-
Al final Jinyoung no tuvo más remedio que obedecer a Dongwoo. Él siempre salía ganando.
Haru se despidió de Jinyoung y salió de allí corriendo. Le quedaba una fuerte batalla por luchar. Su padre cuando llegase a casa realmente se enfadaría por la hora. 


No tardaron en llegar a la estación de tren. La parada de Ansan era de las últimas que hacía esa estación.
-¿Realmente no es mucha molestia acompañarme?- Haru le preguntó al chico antes de que subiesen al vagón.
-Si no lo hago Jin se enfadará conmigo y se lo he prometido con que no tengo más opción.- 
Las puertas se abrieron y dieron el sprint de sus vidas para pillar asientos libres.
Una vez dentro había un gran murmullo formado por los pasajeros. El sonido de las vías se le clavaba en los oídos a Haru como si fuese una estaca.
Esta no paró ni un momento de darle vueltas a algo. Jinyoung. Sentía la curiosidad de saber más sobre él.
-Esto...¿Dongwoo?-
El chico que había estado todo el rato escuchando las conversaciones de los demás pasajeros puso su atención en Haru.
-Dime.-
-Hoy Jin, estaba...quiero decir...¿él siempre es así?-
-¿Así?-
-Si siempre anda bebiendo alcohol o acostándose con chicas.-
Dongwoo miró hacia el frente serio.
-Si te digo que no lo hace a veces te mentiría pero no es que esté todo el día así. Bebe pero con control.-
-Pues hoy no parecía muy "controlado" que digamos.-
-¿Qué? ¿Estás preocupada por él?-
Haru desvió la mirada sonrojada.
-¡NO! Sólo que vivir así es malo y...-
-Ya, ya. Bueno, esto solo suele ocurrir una vez al año así que déjale.-
-¿Una vez al año?- Haru se había perdido en mitad de la conversación.
-Sí. Hoy es el aniversario de la muerte de sus padres. Cada año hace lo mismo para no recordar. Le he dicho mil veces que esa no es la mejor forma de "olvidar" pero no quiere hacerme caso. Es un cabezota y realmente me preocupa. Si sigue así solo conseguirá hacerse daño y nunca podrá asimilarlo.-
Haru no sabía qué decir. Empezaba a encajar todo en su cabeza. 
Entonces Dongwoo le miró.
-Es idiota. No existe otra palabra para definirle mejor. Idiota.-
-Yo no lo sabía...¿qué les pasó...?-
-¿A sus padres? Creo que eso ya debería de contártelo él, ¿no crees?-
Haru volvió a concentrarse en el ruido de las vías del tren. Silencio. Aunque las demás personas estuviesen hablando a voces, para ella lo único que predominaba en aquel vagón era el silencio. El más frío y escalofriante silencio.
Y así continuó su eterno viaje a Ansan.

martes, 6 de mayo de 2014

Capítulo 6.

La campana del final del recreo acababa de tocar y con ello daba comienzo la clase de historia.
Inass tomó rápidamente asiento en su pupitre. Miró hacia la derecha por vigésima vez en todo el día. El asiento que estaba a su lado estaba vacío. Haru había faltado esa mañana. Era raro que ella faltara. Inass pensó que habría sido por todo lo ocurrido ayer en el aula de música. 
Fuera lo que fuese cuando acabasen las clases iría a visitarla. Su casa no quedaba muy lejos con que esperaba que le diese tiempo a pasarse si acababa pronto con todo aquello de la limpieza.
La chica apretó el colgante que llevaba puesto con su mano. La voz del profesor resonaba en su cabeza una y otra vez aunque no le hacía ningún tipo de caso.
"Durante la segunda guerra mundial, Hitler...". Un sin fin de palabras que se amontonaban en su cabeza y no daban a vasto. Entonces, volvió su cabeza para la izquierda a fin de buscar algo interesante que la entretuviese. No había nada. El sol brillaba como siempre, el conserje del instituto dando las vueltas rutinarias de vigilancia, las montañas que todos los días se pueden observar a lo lejos, los árboles hasta arriba de hojas como todas las primaveras...
Inass empezó a toquetear aburrida su largo cabello oscuro. Miró el reloj. No habían transcurrido ni diez minutos. Volvió la vista hacia atrás y vio que Channie se había quedado completamente dormido. ¿Cómo es que a él y a Haru nunca les pillaban? Y ella se quedaba una vez y la mandaban directa al aula de castigados. 
Volvió a observar la clase, esta vez posó su vista en Hayoung que se sentaba al final del aula. Esta estaba maquillándose escondida detrás del libro de historia. Bueno, "libro de historia" ya que más bien parecía la Biblia. Hayoung había hecho de él una gran muralla donde ocultarse del profesor para "ponerse guapa."
"Esta chica siempre pensando en lo mismo..."- se dijo Inass para sí.
Luego, miró al profesor de historia que ya callado, se sentó en la silla.
Este era un hombre bajito con el pelo gris y algo mayor pero no demasiado. 
Observó su alrededor. Todos estaban escribiendo algo en sus respectivos cuadernos. Supuso que ya habría mandado la tarea pero estaba tan distraída que ni se enteró. Tampoco le interesaba, ese día no estaba de humor y el cansancio podía con ella. Así que simplemente se limitó a sentarse allí, cruzada de brazos y sin articular movimiento alguno.


En otra clase, en el mismo instituto que Inass.
Habían pasado varios días desde que tuvo lugar la "discusión".
Aún se podía ver el ambiente que había entre Baro y Dongwoo. Nunca se habían llevado especialmente bien por lo que respecta, simplemente se habían dedicado a pasar uno del otro. Pero todo había cambiado últimamente. Si Baro decía algo, Dongwoo empezaba a decir algo sobre él y viceversa. No habían llegado a pegarse pero las palabras que se decían era peor que cualquier dolor físico. No se aguantaban lo más mínimo el uno al otro. 
Incluso la clase se había dividido en dos gracias a ellos. Bueno, en dos grupos y...Jinyoung, ya que él nunca se metía en estos líos. Siempre pasaba de estas cosas por muy amigo de Dongwoo que fuese. De hecho, ellos se consideran el uno al otro como "su único amigo auténtico".
Aclarando todo, la clase se había convertido en un auténtico caos. Parecía una batalla naval.

Acababa de terminar la clase de filosofía y todos se levantaron desperezándose de sus asientos. Veinte minutos de descanso. Baro, que no tenía ganas de pasar ni un momento más allí, salió a que le diese el aire. Dongwoo que le vio decidió seguirle.
A Dongwoo realmente le molestaba este sujeto. Ni sabía por qué pero cada vez que le veía tenía la necesidad de pegarle. Y eso era raro en él puesto que solía ser bastante tranquilo en cuanto se refiere a estos temas.
De pronto Baro se paró delante de un banco. Allí estaba Inass, sentada sola. Este se sentó a su lado nada más llegar.
Dongwoo se acercó sin pensárselo dos veces y cogió a Inass de la mano arrastrándola hasta el final del pasillo. A Baro no le había dado tiempo a reaccionar cuando ya iban saliendo por la puerta que daba al patio. En seguida comenzó a seguirles.
-¿¡P-Pero qué haces!?- Inass soltó la mano de Dongwoo, la cual estaba apretando tan fuerte contra la suya, que le hacía daño.
Dongwoo se giró hacia ella y le miró.
-¿Por qué siempre que nos encontramos acabas gritándome?- dijo Dongwoo muy seco.
-¿Quizás porque es lo único a lo que me incitas?- le respondió arqueando una ceja.
Este comenzó a reírse. Sin embargo no era una risa como las que había visto salir antes de él. Era más bien algo natural, inocente.
A Inass le alegró haber hecho reír a alguien aunque realmente no comprendía que es lo que era del todo gracioso en lo que acababa de decir.

Nadie había reparado en la presencia de Baro. Este estaba justo al lado, unos pocos metros alejado, contemplándolos con aires de tristeza. Todo aquello le irritaba y le hacía sentir como un estúpido. Y ella parecía...parecía tan feliz hablando con ese maldito bastardo. Entonces se dio media vuelta antes de que le pudiesen ver y puso rumbo a su clase con los hombros agachados y la cabeza cabizbaja.

-Realmente eres idiota.- dijo la chica.
Los dos seguían hablando sin acordarse de Baro. Bueno, uno de ellos sí lo hacía, sólo que simplemente estaba mejor sin él.
-¿A qué viene eso ahora? Yo que hoy me estaba comportando bien....- dijo resignado.
-¡Pero si me has traído aquí tirándome! ¡Un poco más y me arrancas la mano!- comentó acompañado de varios gestos exagerados con las manos.
Dongwoo volvió a sonreír. ¿Qué clase de virus le había afectado hoy a él?
Inass le dedicó una sonrisa y este se sonrojó al verle por primera vez sonriendo delante suya.
-¿Te has dado cuenta que es la primera vez que hablamos como personas normales sin tirarnos de los pelos?- le preguntó Inass a Dongwoo que se había quedado mirándola fijamente.
Este no respondió.
-¿Dong...woo? ¿Hola? Tierra a Dongwoo. ¿Sigues vivo?-
Dongwoo que por fin había vuelto en sí miró hacia otro lado.
-Ha....sido....a-agra...-
Entonces sonó la sirena de nuevo, esta vez interrumpiendo al chico. Otra vez a clases. Por suerte ya sólo quedaban dos horas.
Inass volvió a sonreír al chico. 
-Nos vemos después a la tarde con nuestra "misión".-dijo despidiéndose mientras se marchaba corriendo.
Dongwoo se quedó allí un rato mirando a la nada. Lentamente se agachó al suelo. No podía moverse. ¿Por qué permanecía así? ¿Por qué su corazón le dolía tanto...?


Inass ya había llegado al aula. Algo cansada puesto que su clase quedaba bastante lejos del patio y el instituto era enorme. Si venías nuevo todo aquello te parecía un laberinto.
Se puso bien la falda y la chaqueta, algo levantadas de la carrera que acababa de hacer, y se adentró allí.
La clase estaba bastante agitada. En el centro se podía distinguir un gran grupo todos hablando entre sí. Inass que vio que Gongchan y Hayoung estaban allí metidos, se unió a ellos.
-Gongchan tu hermano sí que sabe.- dijo Kibum, el chico más grande de nuestra clase.
-¿Baro? ¿Qué pasa con Baro?- preguntó la chica extrañada recién incorporada al círculo.
Hayoung en cuanto vio a Inass puso los ojos en blanco e intentó llevársela lejos de ahí pero no le dio tiempo a reaccionar.
-¡LE HEMOS VISTO BESÁNDOSE CON UNA DE ÚLTIMO AÑO!- volvió a hablar Kibum.
Hayoung puso cara de circunstancia.
-Es todo un hombretón, no como Channie.- dijo otro chico que empezó a acariciarle el pelo a Gongchan en modo de burla.
Inass que aún no podía asimilar todo aquello volvió a preguntar. 
-¿Que....Baro...qué?- dijo de piedra.
-¿No puedes creértelo, verdad? Parecía tan inocente el capullo....y lo vemos ahí  metiéndole mano a una mayor que él.
Inass forzó una risa. Todo aquello era demasiado para ella. Quería gritar y salir corriendo de allí pero ya no podía. Tenía por delante una emocinante clase de francés. 
Antes de poder tomar asiento Hayoung le dio una palmadita en la espalda y le lanzó una sonrisa. La chica, ya en su asiento, no paraba de pensar en lo mismo. ¿Cómo le miraría a la cara cuando fuese a hablarle? No podría. Quizás lloraría. En ese momento ya tenía ganas de hacerlo.

Ya eran las nueve de la noche. Sólo les quedaba por limpiar el aula de educación física. Había sido un día agotador y bastante incómodo. Inass no había soltado palabra en toda la tarde. Ni siquiera Dongwoo se metió con ella como hacía normalmente. Todo aquello de pelear a diario se había convertido en rutina, pensó Dongwoo. 
-A-Aaaah...-
Era la 123897132872318973 vez que Inass suspiraba. Lo hacía inconscientemente mientras pensaba en Baro. En ese mismo instante iría hasta él a abrazarle y decirle que a ella le gustaba de antes. Era injusto. Ella siempre estuvo enamorada de él. Desde el primer momento. Podía parecer cursi pero era así. 
-¿Qué pasa? Esto parece una tumba...- dijo Dongwoo mientras colocaba las pelotas de baloncesto en su lugar intentando romper el hielo.
Inass no contestó. Se limitó a fregar el suelo de la cancha como llevaba haciendo desde hace cuarenta minutos.
Dongwoo que estaba enfadado porque había pasado de él, cogió su fregona y la tiró al suelo.
-¡LLEVAS CASI UNA HORA FREGANDO EL SUELO! ¡POR EL AMOR DE DIOS! ¿QUÉ QUIERES? ¿¡SACARLE EL BRILLO!?-
La chica le miró haciendo pucheros. Después se agachó, agarró la fregona de nuevo y siguió con su tarea.
Dongwoo suspiró.
-¿Vas a pasar de mí toda la tarde?- preguntó al fin.
-No estoy pasando de ti. Simplemente no tengo ganas de nada.- contestó sin mirarle.
Dongwoo posó su mano sobre la de la chica para que parase de usar la fregona.
-Creo que ya hemos limpiado suficiente por hoy. He guardado todo el material y el suelo está perfecto, ¿quieres...?- dijo mientras hacía una señal para que le diese la escoba.
Inass cedió.
-Bien. Al fin tengo el maldito cacharro.- le contestó satisfecho de sí mismo.- Ahora, ¿quieres decirme qué te pasa?- la miró enfadado.
La chica desvió la mirada de él.
-Nada.- dijo rotundamente.
Dongwoo no sabía interpretar muy bien los sentimientos de las personas pero sabía que a ella le pasaba algo. Había pasado mucho tiempo a su lado en la última semana y más o menos sabía ya como pensaba.
El chico le metió una pequeña patada suave. Acto seguido la abrazó por detrás.
-Sé que te pasa algo.- dijo con una voz dulce.
Hasta él mismo se sorprendió de que pudiese poner aquella voz.
La chica que había estado aguantando las ganas de llorar durante mucho tiempo, empezó a hacerlo.
Él le acarició el cabello.
Nunca había llorado delante de nadie desde la vez que se cayó jugando con Channie y Haru de pequeños. Esa vez lloró delante de Baro y él la consoló.
Nunca más había soltado una sola lágrima fuera por el motivo que fuese, hasta...ese día.

domingo, 4 de mayo de 2014

Capítulo 5.

Sus pasos resonaban por todo el pasillo de la segunda planta. Llevaba un año sin pisar el Seoul HS of Arts y todo aquello parecía un nuevo mundo para él.
Ya se había encargado de todo el papeleo y sólo le quedaba rellenar la inscripción para unirse al club de música. No había parado de dar vueltas buscando a la presidenta del club y no conseguía dar con ella. Tampoco la descripción que le dieron de ella era muy específica. Ojos verdes. Iba por todo el instituto buscando a una chica de ojos verdes. ¿Qué se iba a parar delante de cada chica que pasase para mirarle a los ojos? ¿Por qué no simplemente los profesores le llamaban por el altavoz? Son todos muy cómodos.
Había pasado ya cuatro veces en frente del club y revisado que no había nadie dentro.
Ya iba a pasar por quinta vez mientras subía las escaleras algo desanimado. Entonces empezó a sonar una melodía. O estaba loco del cansancio o había alguien en el aula de música. Sin duda lo que estaba escuchando era el piano. Pero lo que más le extrañaba era...
Jinyoung empezó a correr escaleras arriba hasta la puerta del aula. Con rapidez y agilidad la abrió. Era demasiado tarde. La melodía dejó de sonar antes de que subiera las escaleras y allí ya no había nadie. Estaba decepcionado.
Esa canción...la canción que estaba sonando...le sonaba demasiado. Sin duda, era aquella canción. La que tantos malos ratos le había hecho pasar. Era su canción.
Con un aire de tristeza entró dentro del aula y se sentó en el banquillo del piano. Posó una mano sobre este con delicadeza.
-¿Quién eres?-
Por la puerta aparecieron tres chicas. Las tres llevaban el uniforme rojo por lo que serían menores que él.
Jinyoung que se llevó un susto al escuchar la voz, se levantó de un golpe.
-Y-Yo estaba buscando a la presidenta del club de música. Me han dicho que tengo que hablar con ella para rellenar la solicitud.- dijo ya calmado.
-Estará a punto de llegar, hoy teníamos clase de canto y no creo que ella falte.- dijo una de las chicas, la más alta.
-Sí, además yo la vi antes. - contestó la que estaba más cerca de esta última.
La puerta volvió a abrirse y esta vez pareció otra chica. No podía creer quien era. Bajita y con el pelo corto. Desde allí lo podía ver, tenía los ojos verdes.
-Buenas tardes chicas.-
Esta se dirigió hasta el mueble donde estaban guardados los micrófonos y ni notó la presencia de Jinyoung que estaba oculto detrás de la chica alta.
Sacó los micrófonos y se acercó para repartirlos. Entonces fue cuando el chico se adelantó hasta ella y se paró justo delante. 
Haru abrió los ojos como platillos ya que se había asustado y dejó caer los micrófonos al suelo.
Un tremendo estruendo resonó en toda el aula.
-No planeaba que pasara esto...realmente.- 
Jinyoung le dedicó una sonrisa pícara.
Haru que aún seguía sorprendida se quedó sin palabras al ver al chico de la discoteca.
-Tú...-
-¿Yo?- contestó irónicamente.
-¡CHARMANDER!-
-¿Charman...der?- 
El chico se miró el pelo y comprendió aquel comentario. 
Las otras chicas comenzaron a reírse al unisono. 
-Sí, Charmander. Y tú eres la chica bebé.-
Haru ofendida por el comentario le miró con mala cara.
Jinyoung viendo que por ahí no iba por buen camino cambió de tema rápidamente.
-Bueno...¿tú eres la presidenta aquí, verdad?-
-Así es. ¿Por qué?- 
Haru no quería escuchar la respuesta porque sabía por donde iban los tiros.
-Me han dicho que te busque para que me des la solicitud al club.- dijo Jinyoung satisfecho después de tantos esfuerzos para encontrarla.
La chica que ya se imaginaba la respuesta, se volvió resignada hasta la mesa grande que había cerca del armario de los micrófonos.
Regresó con dos o tres papeles con muchos datos para rellenar.
-Aquí tienes los papeles y...un bolígrafo.- Haru metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó uno.- Ponte ahora con él y entrégalo cuando acabes.-
-Haru...- dijo una voz detrás de ella.
-¿Sí?-
La chica alta se había acercado hasta allí.
-Ya hace media hora que deberíamos haber empezado la clase de canto y no hemos preparado ni el material.- 
La chica alta miró al suelo donde se encontraban esos instrumentos repartidos por el suelo. Haru se había olvidado completamente.
-Uups...fallo mío. Lo siento. ¿Qué os parece si dejamos la clase para mañana? Hoy no pude llegar temprano y además tengo que encargarme de lo de la solicitud pero mañana os prometo que cumpliré.-
-No pasa nada Haru, ¡nos vemos mañana! ¡Qué descanses!-
Las tres chicas se despidieron de Haru y salieron de allí.
Jinyoung se había sentado en una mesa al otro extremo y había ignorado por completo que las chicas se habían marchado. Estaba concentrado en la solicitud.
-A ver, tipo de sangre.....fecha de cumpleaños...- dijo hablando para sí mismo.
Haru se acercó hasta él aunque no le apetecía. Se apoyó en la mesa con una mano.
-Si necesitas ayuda, dímelo.-
Aunque el chico ni le escuchó.
-... .... .... ....¡Ya está!-
Jinyoung se levantó de la silla y acababa de reparar que la chica estaba a su lado.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí?- dijo Jinyoung sorprendido.
-Lo suficiente. Dámela.- dijo extendiendo la mano.
El chico le entregó la solicitud. Esta la observó por encima.
-Si quieres saber más sobre mí sólo tienes que preguntármelo, no hace falta que lo leas, cariño.-
Haru se puso tan roja que parecía que se iba a marear del calor.
-¡I-Idiota! Estaba comprobando si habías rellenado todo...- dijo hinchando las mejillas.
-¿Hace falta que haga algo más?- 
-No, ya no hay que rellenar nada más, esto...- Haru volvió a mirar la solicitud.- ¿Jinyoung?-
-Llámame Jinyoung-oppa.- el chico abrió los ojos haciéndose el mono y empezó a reírse.
-¿Quieres....-
A Haru no le dio tiempo a acabar la frase que iba a decir cuando de pronto se apagaron las luces del aula. No sabía si las había apagado alguien o se había ido la luz ya que desde la parte del aula que estaban no se podía ver el interruptor ni la puerta que estaba al lado.
Se dio cuenta que lo hizo alguien cuando al instante sonó un portazo y unas llaves cerrando la puerta.
Haru fue hasta la puerta y tocó con todas sus fuerzas varias veces.
Nada.
Fuera quien fuese el que la cerró ya se había ido.
Volvió a encender las luces e intentó tranquilizarse.
¡El móvil! Podía llamar a Inass. Seguro que seguía allí limpiando junto a ese chico.
Sacó el móvil de la mochila que llevaba colgada a la espalda y lo abrió. "Sin batería". Haru lo tiró al suelo con todas sus fuerzas.
-¡MIERDA!-
Jinyoung que acababa de llegar al lado suya se agachó a recoger el móvil del suelo.
-Qué genio tienes chica.-
Haru miró al chico sin fuerzas y se le ocurrió otra idea.
-¡AH! ¡YA SÉ! ¡TÚ MÓVIL! ¿LO TIENES AHÍ?- gritó la chica.
-Puede que sí o puede que no.-
Jinyoung empezó a jugar con el móvil de Haru tirándolo hacía arriba y agarrándolo en el aire.
-¡Déjate de bromas! ¡Estamos encerrados!-
-¿Y? Ya vendrá alguien. ¿Acaso estás preocupada por algo?- Jinyoung dejó de jugar con el móvil y la miró.- Ah, si estás pensando en cosas pervertidas....no te preocupes, debería estar loco para tocarte. No eres mi tipo.- contestó mientras comenzó a reírse.
-Oye, ya vale, ¿no? ¿Tienes móvil o no?- dijo desesperada.
-Tengo pero no quiero dejártelo.- contestó el chico mientras seguía riéndose.
La chica que ya se había dado por vencida se tiró al suelo apoyando la cabeza sobre sus rodillas.
-Aaaaaah...¿qué te he hecho para que seas así conmigo? ¡Si ni nos conocemos! Estú...-
De pronto Haru escuchó una voz que le era familiar.
-¿¿¿HARU???-
La voz procedía desde el otro lado. Era Inass, no había duda.
-¡¡INASS!!- Haru empezó a golpear la puerta.
-¡Estoy aquí! ¡Me han dejado encerrada y no llevo llave!- 
Inass que había escuchado a su amiga se puso al otro lado y empezó a gritar para que le escuchase bien.
-¡SABÍA QUE ESTARÍAS AHÍ! ¡ESTOY CON CHANNIE ¡NO TE PREOCUPES! ¡IRÉ A POR LA LLAVE, TÚ SOLO ESPERA!-
Inass salió corriendo a por el encargado de todas las llaves. Parecía que se iba a quedar sin aire en cualquier momento.
-Menos mal....-
-Qué mal. Con lo divertido que era todo esto.-
Jinyoung esbozó una sonrisa y miro a la chica con aires de superioridad.
Haru que no solía perder los nervios con gente que no tenía poca confianza se acercó a él y extendió la mano para darle una bofetada. Este que se llevó una sorpresa retrocedió el pie izquierdo e intentando pararla en seco resbaló hacia atrás. Ya que había cogido la muñeca de la mano derecha de Haru para evitar el guantazo esta cayó también sobre él en una postura poco deseada.
Inmediatamente la puerta se abrió. Allí aparecieron Inass, Gongchan y el chico de las gafas, como acostumbraba llamarle Haru.
La chica no sabía a donde mirar, sólo quería que la tierra le tragase. 
-Si queréis hacer estas cosas mejor id a un hotel, ¡guarros!- Inass que estaba intentando guardarse los comentarios pervertidos para ella no pudo evitar soltar uno.
Haru se levantó corriendo y siguió mirando hacia el suelo avergonzada. Jinyoung aún seguía tirado.
Entonces fue cuando la chica salió corriendo sin decir palabra. Nunca lo había pasado tan mal en su vida.

Capítulo 4.

17 de septiembre de 2003.
Su gentil mano acariciándole la cabeza le hacía sentir segura.
 Inass que se había pasado un buen rato llorando, tenía los ojos rojos e hinchados como globos. 
"Todo va a estar bien".

Baro estaba a su lado sentado en una silla. La niña, tumbada sobre una cama bastante ancha, no paraba de mirarle con los ojos vidriosos.
Aquel día lo comprendió. Quería estar con él siempre. Le gustaba. Le gustaba demasiado. Y lo que empezó siendo un "amor infantil" acabó por ser un amor verdadero. Tan verdadero que sería difícil de olvidar con los años.



15 de mayo de 2014.
La chica abrió los ojos. Ante ella se encontró con una cara masculina. Era Baro. Esta se encontraba recostada en...¿la cama de la enfermería? El fuerte olor a anestesia y antibiótico que había allí le hacía marearse.
Aquella situación le resultaba muy familiar. 

"Todo va a estar bien."

Inass cerró los ojos y su mente se llenó recuerdos de aquel día. Aquel día que jugando con Gongchan y Haru se cayó y empezó a sangrar. Baro le curó la herida inmediatamente. El día en el que se enamoró de él. Sus sentimientos no habían cambiado ni un poco desde entonces.
Ahí estaba él de nuevo. 

-Inass, ¿estás mejor?-
Inass abrió los ojos de nuevo y se encontró con los del chico. Este se había acercado a ella en cuanto vio que se había despertado. Podía escuchar su respiración.
-S-Sí...-
A la chica se le quebró la voz e incluso ella se sorprendió. Entonces empezó a notar un agudo dolor procedente de la nuca. Se llevó la mano hasta allí e hizo un gesto de sufrimiento.
-¿Te duele mucho, no? Mejor que no te toques. Has sangrado mucho. Menos mal que te vi caer por la ventana y fui a por ti.-
Baro cogió la mano de Inass y empezó a acariciarla.
Inass más atenta a él que a lo que había dicho, soltó una risita.
-¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara?-
Baro esbozó una sonrisa al escuchar a la chica reír.
-Nada. Todo esto me resulta familiar.-
-¿Fa...miliar?- le miró como si estuviese loca.
-Sí. Tú y yo. Siempre que tengo un problema estás ahí, siempre ayudándome, esperando por mí en la meta...- Inass paró de hablar por un momento.-  ¿Te acuerdas de la vez que me caí jugando a la pelota con tu hermano y Haru? Tú viniste corriendo a verme.-
-¿Cómo quieres que recuerde eso si estabas haciéndote daño cada dos por tres? Por dios, ¡eras una despistada!- los dos comenzaron a reírse.
-G-Gracias...- Inass apretó fuertemente la mano del chico con sus dos manos. 
Baro apartó el pelo que tapaba la cara de Inass y le dedicó una amplia sonrisa. Inass no podía cansarse de contemplarla. Era tan bonita. Tan pura. Tan...inocente.
-Ya va siendo hora de ir a casa. Es muy tarde.- dijo mirando el reloj de su muñeca.
-¿Qué hora es?- 
-Casi las 10 de la noche. Has estado inconsciente bastante rato. Hasta la enfermera ya se ha ido. Venga, levántate con cuidado.- Baro agarró a Inass del brazó y le ayudó a bajar de la cama.
Esta se tambaleó un poco al poner los dos pies sobre el suelo pero consiguió mantenerse.
-Te acompaño a casa, no quiero que andes sola por la calle tan tarde.-



Mientras tanto, alguien se estaba congelando de frío en mitad de la calle. Era Dongwoo a  quien se le había quedado la chaqueta en el instituto y no paraba de tiritar. Se encontraba en frente de la casa de Inass. Llevaba una hora plantado allí y comenzaba a pensar que sus vecinos creerían que era un acosador o algo por el estilo. Le había costado lo suyo encontrar la dirección de Inass pero cuando Dongwoo se propone algo consigue hacerlo.
Empezaba a desesperarse ya hasta que vio las siluetas de dos personas a lo lejos. ¡Era Inass! Y..ese tal "Baro". No sabía por qué pero no le agradaba nada. Para colmo llevaban juntos en la misma clase desde hace casi más de 3 años. 
Dongwoo no quería que este le viese y se escondió detrás del cubo de basura más próximo.
Al poco los dos ya habían llegado y estaban hablando frente a la puerta de la casa de Inass.
Desde donde estaba Dongwoo no se podía escuchar bien su conversación.
Al instante vio a Baro marcharse hacia la derecha. ¡Esta era su oportunidad! Fue corriendo hasta Inass antes de que se metiera en su casa y...
-¡AAAAAAAAAAAAAH!-
Inass pegó tal grito que asustó al propio Dongwoo.
-¿¡PRETENDES MATARME HOY!? ES ESO, ¿¡¡¡NO!!!!? ¿¡Y QUÉ HACES TÚ AQUÍ SI SE PUEDE SABER!?-
Dongwoo le hizo una señal para que bajase el tono de voz. Esta hizo caso. Lo que menos quería ahora es que su madre le pillase con aquel chico allí. Conociéndola seguro que iba a pensar otra cosa.
-Y-Yo...esto...- por más que lo intentase las palabras no salían.
La sinceridad en estos tipos de tema no era la especialidad de Dongwoo. 
-Quería disculparme...por lo de hoy...y...- este se metió la mano en el bolsillo del pantalón.- Esto es tuyo.-
El chico sacó un collar plateado. 
Inass miró en su bolsillo y vio que no estaba. Comprendió entonces que debió de habérsele caído antes.
Eran un collar de esos en los que podías poner una foto. La chica abrió la rendija para comprobar que aún seguía ahí.
-¿Te gusta ese tío...?-
Inass le miró atónita.
-¡Has visto la foto!-
El collar contenía una foto que Baro y ella que se habían hecho en un fotomatón hace algunos años. Era realmente preciada para ella.
Dongwoo se encogió de hombros.
-Es que...-
-¡Aléjate!-
Detrás de Dongwoo sonó una voz.
-¡Baro!- Inass corrió hasta él y le arrebató la lata de chocolate caliente que tenía en la mano.- Hace mucho frío.- esta empezó a calentarse con el calor de la lata.
Baro puso su mirada en ella.
-¿Qué hace este aquí? ¿Acaso ha venido a molestarte todavía más?-
Baro actúa siempre como la cosa más mona del planeta y verlo así de enfadado era como un nuevo mundo para Inass.
-N-No realmen...-
-A ti quiero decirte algo.- Baro se acercó a Dongwoo desafiante.
Este, callado, simplemente observaba.
-Deja en paz a Inass o la próxima vez no seré amable contigo. No quiero que le hagas daño. Por tu culpa hoy casi se le abre la cabeza. Te parecerá poco.-
Inass cogió a Baro del brazo y lo arrastró hacia ella.
-Está bien Baro. Ahora no me pasa nada y es lo que...-
-¡Cómo vas a estar bien! ¡Este tío...!-
Dongwoo se había dado media vuelta y empezó a caminar.
Baro le miró con cara de desprecio y volvió a calmarse.
-De verdad que me altera...- Baro se puso de cuclillas y empezó a tomarse la lata de café que había comprado.- Me despisto un momento para ir a por unas bebidas y ya estás en problemas. ¿Ves como no puedo dejarte sola?-
Inass le dio un golpe en el hombro.
-No, pero ahora hablando en serio. No quiero que te acerques a Dongwoo. Siempre me ha dado mala espina...- Baro se quedó fijamente mirando a Inass y acto seguido posó su mano sobre la cabeza de la chica como acostumbraba a hacer.
-Y a todo esto ya es muy tarde, deberías ir entrando, tu madre puede que esté preocupada...- el chico se levantó y extendió la mano para ayudar a Inass. Esta la cogió alegremente. 
Con un adiós y un largo abrazo se despidieron. 


"Todo va a estar bien". O eso pensaban.

viernes, 2 de mayo de 2014

Capítulo 3.

Se había levantado más temprano de lo normal y aquello ya empezaba a ser como su rutina.Últimamente no dormía bien y ni ella misma sabía exactamente el por qué. 
No hacía ni una semana que le habían obligado a estar un mes a cargo de limpiar el instituto entero por las tardes, cosa que se dice pronto. Los castigos de este tipo debían de estar de moda entre los profesores, pensó ella. 
La presencia de Dongwoo tampoco arreglaba mucho las cosas. Sólo el pensar que tenía que pasar una tarde más junto a ese sujeto le hacía querer tirarse de los pelos de desesperación.
Era como un túnel en el infierno sin final. Quizás esa era la respuesta a su malestar

Después de tirarse un rato en su cama echada, mirando al techo recién levantada, Inass se puso en disposición de arreglarse para ir al instituto. De un brinco se levantó de la cama. Más que empezar el día con pesimismo...debía hacerlo con toda la energía posible. Con abundante agua se aclaró la cara, la cual parecía bastante apagada de las pocas horas de sueño realizadas. Con sumo cuidado se colocó el uniforme del instituto. Camiseta blanca acompañada de una chaqueta con el escudo de allí y una falda con estampado escocés. Para finalizar unas medias negras que le llegaban hasta las rodillas. El rojo realmente no era su color favorito pero le encantaba aquel uniforme.
Desde pequeña siempre había soñado con ingresar en el Seoul HS of Arts y cuando entró no pudo creérselo. 
Bajó las escaleras lo más rápido posible y allí se encontró a su madre, que estaba preparando el desayuno tan atentamente que ni se fijó que su hija había entrado al comedor.
En el centro había una gran mesa. En esta, se encontraba una niña pequeña sentada a uno de los lados. La niña tenía el pelo castaño y largo recogido en una coleta. Nanami era la hermana pequeña de Inass. En cuanto esta la vio entrar por la puerta, empezó a saltar en la silla para que se sentara allí con ella. Pero Inass hizo caso omiso y se acercó a la encimera, cogió lo primero que pilló y tras una despedida y un beso a su hermana, salió de la casa.

El sol brillaba ya muy temprano y junto a la brisa de la mañana el camino al instituto se convertía en una auténtica gozada. Inass, no dejaba de pensar que el otro día debería haberse comportado mejor.
Y es que el castigo que le habían impuesto le parecía lo más injusto del mundo. La mañana siguiente a todo lo ocurrido en la discoteca, hizo un día horrible. No había parado de llover en todo el tiempo y parecía que iban a tener que salir del instituto en piragua. Encima, y para rematar, las clases de ese día eran las más aburridas de toda la semana. Tanto fue así que en cuanto llegó clase de economía Inass se quedó dormida sobre su mesa. Hayoung y Haru que la vieron intentaron despertarla antes de que el profesor la pillase, pero fue prácticamente misión imposible. A los segundos ya estaba recorriendo el pasillo hasta el aula de castigados. Al llegar, Inass se paró en frente de la puerta, inspiró y suspiró varias veces hasta que por fin se decidió a abrirla. Fue entonces cuando su respiración se paró de golpe al ver a aquella cara tan conocida y molesta delante de ella. El chico de las gafas de la noche anterior se encontraba allí, en la  puerta esperando para salir. Sin pensarlo si quiera, Inass cerró la puerta de un golpe en toda su cara. Dio dos pasos hacia atrás y comenzó a reflexionar.
¿Qué hacía aquel tipo allí? ¿Quería venganza por lo que le hizo ayer? 
Algo estaba claro. Si quería vérselas con ella no iba a salir bien con todo esto.
De pronto el muchacho abrió la puerta desde dentro. Se quedó un rato mirándola con cara de desprecio y superioridad hasta que se dignó a decir palabra.
-¿Así es como sueles tratar a la gente? ¿Con portazos limpios? ¿Acaso tienes modales?-
El chico empezó a ajustarse la corbata la cual tenía algo torcida. Inass se fijó bien. Estaba usando su uniforme. Aunque este era el de color azul lo que quería decir que pertenecía a un curso mayor.
¿De verdad ese animal podía ir a aquel instituto? ¿De dónde lo habían sacado?
El chico que había dado por hecho ya que no era capaz de ponerse una corbata bien tras varios intentos fallidos, volvió a dirigirse hacía ella.
-¿Tampoco vas a contestarme? No. Ya veo que no tienes modales. Te encanta empapar a la gente con alcohol de hecho. ¿Te has planteado dejar de mirarme? Sé que soy guapo pero me robas la intimidad.-
Inass después de aquellas palabras volvió en sí.
-¿Guapo o cretino? ¿Quién va querer mirarte a ti? A mí sólo me produces asco.- Inass que ya estaba muy harta de este tipo y gracias a las patadas de karate que le enseñó su madre de pequeña, derrumbó al muchacho al suelo.
Este realmente sorprendido se incorporó y le cruzó las manos para que se estuviese quieta. Todo esto sin resultado alguno ya que consiguió escaparse y tirarlo de nuevo con otra patada.
Aquello parecía ya una lucha a muerte y todos los alumnos que pasaban por el pasillo se quedaban mirándolos. Otros se habían agrupado alrededor a observar la pelea desde el fondo. A la nada ya había aparecido un profesor. El hombre cogió al chico de los hombros para paralizarlo. Inass había parado al ver al profesor llegar. En aquel instante pensó que el cielo se había caído encima suya. No iban a ser precisamente "suave" con ella.
-¡Dongwoo! Siempre andas metiéndote en problemas  desobedeciendo pero esta vez te has puesto a pelear en el instituto. Me esperaba muchas cosas de ti pero...¿esto?-
El profesor que estaba realmente enfadado miraba al chico con la ira de una fiera. 
-Y tú...- 
Entonces comenzó a señalar a Inass la cual ya se esperaba lo peor.
-Tú tampoco te vas a librar de esta. ¿De qué curso eres? ¡Mira que dos! Si queréis pelearos hacedlo en la calle.-
-L-Lo siento...y-yo estoy en el último año de secundaria del B...- por primera vez a Inass le temblaba incluso la voz hablando con un profesor. Todo hay que decirlo y el hombre imponía a lo grande. Sus grandes ojos y su forma de mirar y hablar te hacían hasta tartamudear.
-¿Su nombre?-
-Inass. K-Kazum Inass....-
-Ya me encargaré yo de vosotros dos. Tú. Dongwoo. Seguidme.-
Con pasos temblorosos se colocó detrás para seguirle el ritmo. Detrás suya venía el chico de las gafas, Dongwoo. Este más bien venía con un aire despreocupado, como si no le importase que fuese a pasar.
Cuando más miedo pasó fue al ver la puerta del director en frente de sus ojos. No sabía que le iba a esperar ahí dentro pero estaba segura de una cosa, nada bueno.


Inass había llegado al instituto en un abrir y cerrar de ojos al estar sumergida en sus pensamientos. Si miraba la parte positiva de estar cumpliendo aquel castigo junto a Dongwoo...bueno, ¿había parte positiva?
Por una parte no la habían expulsado, que era lo que llevaba pensando desde un principio. Aunque era mejor incluso ser expulsada a tener que aguantar a aquel chico.
El objetivo del castigo era "que se llevaran bien". Inass lo había intentado, había pasado de él, después se propuso ser amable y nada, no había forma. A Dongwoo por su parte no le importaba aquello. Le hablaba mal, se reía de ella, soltaba sus típicas frasecitas sólo para llamar la atención. ¿Tanto le costaba al menos fingir y así le levantarían el castigo? Estaba harta.
Algo desanimada entró a clase donde se encontraban Gongchan y Haru manteniendo lo que parecía una animada conversación. No era plan que la viesen así, por lo que cambió de cara y se acercó con paso decidido.
Se plantó en frente y cogió la silla más cercana.
-¡Buenos días gentecilla del inframundo!-
Gongchan y Haru se quedaron mirándola con cara de pocos amigos.
-¿Pero qué te pasa a ti tan de mañana? Ni que te metieses cinco kilos de...-
Inass con un gesto rápido le tiró de los pelos a Gongchan que no paraba de quejarse en su sitio.
-Que solo era una broma...- contestó Gongchan poniendo cara de niño pequeño.
-¡Pues te callas!-
-Yo sé lo que te pasa. Estás nerviosa esperando que sea por la tarde para ver a ese tal...¿Hyunwoo? ¿Minho?-
Inass le echó una mirada asesina a Channie y a este casi se le cae el pelo.
-¿¡Quién querría ver a ese!?- pegó tal grito que todas las personas que había en la clase se giraron para ver que estaba pasando.
Channie abrió los ojos como platillos del susto, ya que no se esperaba que iba a gritar tanto.
-Inass, r-relájate...- 
Haru se había puesto tan roja que parecía que le hubiesen rociado pintura por encima.
Inass que ya se había "calmado" se acomodó en su sitio.
-Al menos a mí no se me salen los ojos mirando a cierta persona.-
Inass le dedico una mirada a Channie que este captó al vuelo. Se levantó corriendo de la silla y se fue hasta la mesa en la que estaban reunidos sus amigos. 
-Qué fácil es este chico...-
Haru que no había comprendido nada miraba a su amiga con desconcierto. La sirena que anunciaba las clases la interrumpió cuando iba a soltar algo. Todos volvieron a sus asientos con pereza. Les quedaban seis largas horas de clase por delante.

La mañana había pasado rápidamente para Inass y no sabía si estar agradecida por ello o lamentarse. Ya había cogido todo el "kit de limpieza" para empezar una nueva tarde como la chacha del instituto.
Dongwoo que estaba a su lado por fin se había dignado a hacer algo y limpiaba la mesa del profesor del aula en el que se encontraban. 
-¿Sabes? Estar tantas horas contigo es malo para mi reputación. Deberías pensar en mí y ofrecerte a hacer todo el trabajo. ¿No crees que sería emocionante limpiar todo esto tú sola?-
Dongwoo que seguía concentrado en no dejar ni una mancha de suciedad en la mesa no podía quedarse callado. 
Inass se había acostumbrado ya tanto a sus comentarios que era como si estuviese escuchando a una mosca.
-Oye, ¿podrías tú limpiar las ventanas cuando acabes con eso? Es que yo no llego bien...-
Inass que estaba intentando frotar la parte alta de una ventana no pudo evitar dar unos saltitos por si lo conseguía, aunque acabó rindiéndose.
-¿Por qué no coges una silla, enana?-
Inass ofendida por su forma de hablar y sabiendo que aquello no iba a llegar a ninguna parte e iba a tener que acabar limpiándolas ella...se puso manos a la obra.
Aquella clase daba al patio y se podía ver al equipo de baloncesto entrenar.
Entre ellos podía distinguir a una figura.
No era muy alto, de hecho era algo bajito, con el pelo oscuro y unos ojos grandes, claros y muy definidos. Cada vez que le veía suspiraba, ¿cómo no iba a hacerlo? 
Sunwoo, el hermano mayor de Gongchan era un amor de persona. Tan simpático, amable, sereno, tan...él.
Mientras le observaba este se giró, la vio en la ventana y le saludó alegremente con la mano.
Inass repitió el mismo gesto y comenzó a limpiar las ventanas con una gran sonrisa en la boca. O eso intentaba ya que ni con la silla llegaba a lo más alto de la ventana. Lo intentó hasta de puntillas pero no había manera.
Dongwoo que le había estado siguiendo con la mirada desde hace rato, se acercó hasta ella. 
Y como no, empezó de nuevo con sus característicos comentarios.
-¿Necesitas que te coja para que puedas llegar bien ahí?-
Dongwoo empezó a bromear moviendo la silla. Inass algo asustada empezó a gritarle que parase. Al final fue demasiado tarde e Inass se cayó de la silla y Dongwoo que no se lo esperaba, no llegó a tiempo para cogerla.
Inass se había dado un fuerte golpe en la nuca y no paraba de brotar sangre.
Dongwoo seguía sin decir palabra mientras la miraba.
De pronto entró Sunwoo, o Baro como todos le llamaban, por la puerta del aula. Se acercó hasta Inass lo más rápido que pudo y se agachó a su lado. Ella estaba inconsciente. Este le acaricio la mejilla y la cogió diciéndole palabras acogedoras.
"Todo está bien."
Baro que ni había notado la presencia de Dongwoo hasta ahora, le miró desafiante.
Pero no le tomo mucho tiempo y salió corriendo del aula.

En el fondo de aquella silenciosa habitación se podía escuchar la respiración de una persona. Una persona que estaba abatida.
Con un rápido gesto se deslizó hacia el suelo, cogió algo que brillaba, se lo guardó en el bolsillo y siguió limpiando. Esta vez, totalmente solo. Y por una vez en su vida, esa persona, había sentido arrepentimiento.