jueves, 1 de mayo de 2014

Capítulo 1.

La claridad del sol ya no entraba por las ventanas y esto le obligó a encender las luces.
Era viernes por la noche y ahí estaba ella, pasando el rato limpiando el aula de música. No era que digamos un aula de música “normal”. Estaba ni más ni menos que en el “Seoul High School of Arts”, uno de los institutos más prestigiosos de todo Corea del Sur. De ahí habían salido grandes idols del panorama actual. Y el aula de música no podía ser menos, claro está.
Era un gran salón  ancho con cabida para casi 500 personas, había todo tipos de instrumentos y un precioso piano de cola blanco situado justo en el centro. Algunos pilares se situaban majestuosamente por toda la sala, dando un toque de gracia a esta. Las paredes teñidas por un color verde azulado daban una gran sensación de armonía y paz. El suelo, recubierto de parquet, realzaba el tono de las paredes.
En definitiva, limpiar el aula no era tarea fácil. Y allí estaba ella, una sola persona encargada de higienizar cerca de 250 MALDITOS METROS CUADRADOS.

Haru, hacía una hora que empezó y no llevaba limpio ni la mitad del salón. Aquello era como la historia interminable. Parecía que los instrumentos se reproducían uno tras otro. Y todo esto gracias a que no trajo los deberes ese día. Sus profesores eran realmente estrictos y no le dejaban pasar por alto ni una cosa por pequeña que fuese.
Después de encender las luces se puso con el piano. Realmente daba miedo limpiar aquello porque parecía muy sofisticado y frágil, por lo que empezó a frotar con todo el cuidado posible. Con todo esto, se dio cuenta al rato de que había unos papeles sobre la tapa del piano. Antes de tirarlos sin más, decidió mirarlos para ver si servían o no, fuese a ser que le echasen la culpa a ella.

El papel estaba bastante desgastado y en él había unas letras realmente ilegibles. A penas pudo entender dos o tres palabras. De pronto, la puerta del aula se abrió de improvisto. Haru dio un bote y se escondió debajo de una mesa que había cerca antes de que nadie le pudiese ver. Ni siquiera sabía por qué hizo eso si ella no había hecho nada malo. Pero ya era tarde, se había escondido y sería más que vergonzoso salir ahora.
Las pisadas se pararon justo cerca de ella. ¿Le había descubierto? ¿Qué le diría? Se puso roja solo de pensarlo. No podía ser más tonta.
Mientras ella se calentaba la cabeza con todo tipo de estupideces, el piano de cola comenzó a sonar. Una melodía tranquila, angelical y que nunca había escuchado antes, merodeaba ya su cabeza. Realmente tocaba bien el piano, mejor que muchos profesionales. Se asomó un poco por debajo de la mesa pero solo pudo ver las piernas de alguien sentado sobre el banquillo haciendo maravillas con aquel magnífico instrumento. Al instante comenzó a cantar. Su voz sí que parecía sacada de un cuento y acompañada con el sonido del piano, era una delicia para los oídos. Cerró los ojos por un momento y disfrutó de aquello. En cuanto los abrió, reparó en que aún tenía aquel papel con ella. Lo miró fijamente y mientras escuchaba a aquel chico se dio cuenta de que lo que estaba cantando estaba escrito allí. Ya podía leer aquello. ¡Era la letra de una canción! Haru se quedó absorta mirándola. A los pocos segundos, la habitación se quedó en silencio. El chico dejó de cantar y poco a poco fue escuchándose sus pisadas al alejarse. La puerta se cerró con un sonido en seco y  las luces se apagaron a la vez.
Haru permaneció en el sitio que estaba durante unos minutos más, abrazando aquel papel con la mirada puesta a la nada.
 



-Haru… ¡HARU! ¡HARU! ¡HARU! ¡HARU!- gritó una voz.
Inass, amiga de Haru, llevaba un siglo intentando despertarla. La sirena había tocado hace cinco minutos y por suerte no habían conseguido pillarla dormida en clase de francés. Esta, que le había pegado con el libro de texto, empezó a tirar de ella para que se levantase de la silla.
-La próxima vez que no te despiertes te echo agua por encima, avisada quedas.-
Haru la miró con cara de desaprobación y volvió a dejar caer la cabeza en redondo sobre su mesa.
-¿Otra vez con las mismas? ¡Quería ir al tejado a desayunar! ¡Serás floja!-
Inass indignada y protestando cogió la silla que tenía más cerca y la puso junto a la mesa de su amiga.
-¿Cómo es que te has vuelto a quedar dormida en clases? Si te pillan no van a ser precisamente “amables” contigo saques las notas que saques.-
-Uhm...-
Haru se estiró evitando hablar por lo que Inass le estampó toda la cara contra la mesa. Entonces ella empezó a quejarse.
-¿¡PERO QUÉ HACES!? Que duele, jo.-
-Eso por tonta.-
-Ya sé que soy tonta…assssh.-
Haru se quedó mirando al vacío. Últimamente solía hacerlo mucho y ni sabía por qué. O sí.
Inass, que sabía por dónde iban los tiros. Le preguntó:
-¿Otra vez el chico del piano?-
Haru la miró y apartó la vista después. Se quedó un rato pensando para sí y al final contestó con un simple:
-Puede.-
Inass suspiró.
-Seguro que has vuelto a soñar con él. Se te caía hasta la baba.-
Haru se irguió y se pasó la mano por la boca, avergonzada.
-Que es broma, idiota. Pero esto lo demuestra. ¿Cómo puedes estar enamorada de un chico al que no conoces y nunca has visto? Sólo lo escuchaste cantar. Y de eso hace más de un año. Mi amiga tenías que ser, vaya.-
-¿Quién ha dicho que esté…. e-e-enamorada? Eso lo has decidido tú sola.-
Haru enfadada la golpeó.
-¡Eso por lo de antes y por lo que acabas de decir!-
Inass la miró y empezó a reírse a carcajadas.
Haru molesta empezó a sacar otro tema para picarla.
-Mejor cállate. Si no quieres que empecemos a hablar de alguien que yo me sé.-
De pronto Inass paró de reírse y le cambió hasta el color de la cara.
-C-C-Cállate….-
-¿Y si no quiero? Cállame. A Inass le gusta…ah ah ah….-
-¿Quién?-
De pronto Haru e Inass dieron un bote sobre sus asientos. Por detrás apareció Gongchan, o Channie, como ellas le llamaban, el cual había escuchado esto último que había dicho.
Haru miró con cara de malicia a Inass y luego volvió su mirada a Channie.
-¿Apostamos? ¿Tú quién crees?-
Channie se quedó mirándola pensando por un momento.
Entonces Inass se levantó de la silla. Se puso en frente de ella y un sonoro ‘IDIOTA’ rebotó por toda la clase. Inmediatamente se marchó enfurecida dejando a los otros dos atrás de un portazo.


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