La claridad del sol ya no entraba por las ventanas
y esto le obligó a encender las luces.
Era viernes por la noche y ahí estaba ella, pasando
el rato limpiando el aula de música. No era que digamos un aula de música “normal”.
Estaba ni más ni menos que en el “Seoul High School of Arts”, uno de los
institutos más prestigiosos de todo Corea del Sur. De ahí habían salido grandes
idols del panorama actual. Y el aula de música no podía ser menos, claro está.
Era un gran salón
ancho con cabida para casi 500 personas, había todo tipos de
instrumentos y un precioso piano de cola blanco situado justo en el centro. Algunos
pilares se situaban majestuosamente por toda la sala, dando un toque de gracia
a esta. Las paredes teñidas por un color verde azulado daban una gran sensación
de armonía y paz. El suelo, recubierto de parquet, realzaba el tono de las
paredes.
En definitiva, limpiar el aula no era tarea fácil. Y
allí estaba ella, una sola persona encargada de higienizar cerca de 250 MALDITOS
METROS CUADRADOS.
Haru, hacía una hora que empezó y no llevaba limpio
ni la mitad del salón. Aquello era como la historia interminable. Parecía que
los instrumentos se reproducían uno tras otro. Y todo esto gracias a que no
trajo los deberes ese día. Sus profesores eran realmente estrictos y no le
dejaban pasar por alto ni una cosa por pequeña que fuese.
Después de encender las luces se puso con el piano.
Realmente daba miedo limpiar aquello porque parecía muy sofisticado y frágil, por
lo que empezó a frotar con todo el cuidado posible. Con todo esto, se dio
cuenta al rato de que había unos papeles sobre la tapa del piano. Antes de
tirarlos sin más, decidió mirarlos para ver si servían o no, fuese a ser que le
echasen la culpa a ella.
El papel estaba bastante desgastado y en él había
unas letras realmente ilegibles. A penas pudo entender dos o tres palabras. De
pronto, la puerta del aula se abrió de improvisto. Haru dio un bote y se
escondió debajo de una mesa que había cerca antes de que nadie le pudiese ver. Ni
siquiera sabía por qué hizo eso si ella no había hecho nada malo. Pero ya era
tarde, se había escondido y sería más que vergonzoso salir ahora.
Las pisadas se pararon justo cerca de ella. ¿Le
había descubierto? ¿Qué le diría? Se puso roja solo de pensarlo. No podía ser
más tonta.
Mientras ella se calentaba la cabeza con todo tipo
de estupideces, el piano de cola comenzó a sonar. Una melodía tranquila,
angelical y que nunca había escuchado antes, merodeaba ya su cabeza. Realmente
tocaba bien el piano, mejor que muchos profesionales. Se asomó un poco por
debajo de la mesa pero solo pudo ver las piernas de alguien sentado sobre el banquillo
haciendo maravillas con aquel magnífico instrumento. Al instante comenzó a
cantar. Su voz sí que parecía sacada de un cuento y acompañada con el sonido
del piano, era una delicia para los oídos. Cerró los ojos por un momento y
disfrutó de aquello. En cuanto los abrió, reparó en que aún tenía aquel papel
con ella. Lo miró fijamente y mientras escuchaba a aquel chico se dio cuenta de
que lo que estaba cantando estaba escrito allí. Ya podía leer aquello. ¡Era la
letra de una canción! Haru se quedó absorta mirándola. A los pocos segundos, la
habitación se quedó en silencio. El chico dejó de cantar y poco a poco fue
escuchándose sus pisadas al alejarse. La puerta se cerró con un sonido en seco
y las luces se apagaron a la vez.
Haru permaneció en el sitio que estaba durante unos
minutos más, abrazando aquel papel con la mirada puesta a la nada.
-Haru… ¡HARU! ¡HARU! ¡HARU! ¡HARU!- gritó una voz.
Inass, amiga de Haru, llevaba un siglo intentando
despertarla. La sirena había tocado hace cinco minutos y por suerte no habían
conseguido pillarla dormida en clase de francés. Esta, que le había pegado con
el libro de texto, empezó a tirar de ella para que se levantase de la silla.
-La próxima vez que no te despiertes te echo agua
por encima, avisada quedas.-
Haru la miró con cara de desaprobación y volvió a
dejar caer la cabeza en redondo sobre su mesa.
-¿Otra vez con las mismas? ¡Quería ir al tejado a
desayunar! ¡Serás floja!-
Inass indignada y protestando cogió la silla que
tenía más cerca y la puso junto a la mesa de su amiga.
-¿Cómo es que te has vuelto a quedar dormida en
clases? Si te pillan no van a ser precisamente “amables” contigo saques las
notas que saques.-
-Uhm...-
Haru se estiró evitando hablar por lo que Inass le
estampó toda la cara contra la mesa. Entonces ella empezó a quejarse.
-¿¡PERO QUÉ HACES!? Que duele, jo.-
-Eso por tonta.-
-Ya sé que soy tonta…assssh.-
Haru se quedó mirando al vacío. Últimamente solía
hacerlo mucho y ni sabía por qué. O sí.
Inass, que sabía por dónde iban los tiros. Le
preguntó:
-¿Otra vez el chico del piano?-
Haru la miró y apartó la vista después. Se quedó un
rato pensando para sí y al final contestó con un simple:
-Puede.-
Inass suspiró.
-Seguro que has vuelto a soñar con él. Se te caía
hasta la baba.-
Haru se irguió y se pasó la mano por la boca,
avergonzada.
-Que es broma, idiota. Pero esto lo demuestra.
¿Cómo puedes estar enamorada de un chico al que no conoces y nunca has visto?
Sólo lo escuchaste cantar. Y de eso hace más de un año. Mi amiga tenías que
ser, vaya.-
-¿Quién ha dicho que esté…. e-e-enamorada? Eso lo
has decidido tú sola.-
Haru enfadada la golpeó.
-¡Eso por lo de antes y por lo que acabas de
decir!-
Inass la miró y empezó a reírse a carcajadas.
Haru molesta empezó a sacar otro tema para picarla.
-Mejor cállate. Si no quieres que empecemos a
hablar de alguien que yo me sé.-
De pronto Inass paró de reírse y le cambió hasta el
color de la cara.
-C-C-Cállate….-
-¿Y si no quiero? Cállame. A Inass le gusta…ah ah
ah….-
-¿Quién?-
De pronto Haru e Inass dieron un bote sobre sus
asientos. Por detrás apareció Gongchan, o Channie, como ellas le llamaban, el
cual había escuchado esto último que había dicho.
Haru miró con cara de malicia a Inass y luego
volvió su mirada a Channie.
-¿Apostamos? ¿Tú quién crees?-
Channie se quedó mirándola pensando por un momento.
Entonces Inass se levantó de la silla. Se puso en
frente de ella y un sonoro ‘IDIOTA’ rebotó por toda la clase. Inmediatamente se
marchó enfurecida dejando a los otros dos atrás de un portazo.
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