Eran las doce de la noche en Seúl y ya empezaba a refrescar.
Haru se puso su chaqueta y empezó a calentarse las manos que tenía congeladas.
Hayoung, una compañera de clase que era muy cercana a Haru e
Inass, las había llevado fuera para que se reconciliaran. No se habían dirigido
la palabra en todo el día después de lo sucedido esa misma mañana en el
instituto. Cada una estaba a un lado, sin siquiera mirarse, Hayoung en el
medio.
-Venga chicas, esto no tiene sentido.-
Ninguna de las dos contestó, se limitaron a seguir andando
de frente con la misma expresión seria. Hayoung suspiró e imitó a sus amigas
hasta que pasaron al lado de una discoteca y se le ocurrió la idea de romper el
hielo allí. ¿Qué mejor lugar que ese?
Hayoung cogió a las dos chicas por los brazos y las arrastró
hasta el fondo de aquel recinto. La discoteca The Heirs. Lo que les sorprendió
de todo aquello no fue que estuviesen pisando una de las discotecas más famosas
de todo el centro de Seúl, pocas veces habían pisado una, de hecho, sino la
facilidad con la que su amiga les coló.
-Desde luego - pensó Haru.- Esta chica tiene buenos
contactos.-
Si el exterior impresionaba, el interior ya te dejaba sin
palabras. Miles de luces de colores rodeaban todo el recinto. Más de 800
personas bailaban al ritmo de la música, haciendo temblar el establecimiento.
Un DJ lo daba todo en medio de aquella multitud. Pero sin duda más que personas
y luces, lo que más abundaba era el alcohol. ALCOHOL POR TODOS LADOS. Se podía
respirar ron.
En cuanto las dos amigas quisieron darse cuenta, Hayoung ya
no estaba con ellas. Había tardado mucho en desaparecer con la de chicos que bailaban
por allí. Inass se quedó mirando a Haru y esta hizo lo mismo. Las dos
comenzaron a reírse de Hayoung, ¡qué chica tan peculiar! Y es que era todo lo
contrario a ellas. Después de varios segundos de risa, Haru abrazó a su amiga y
acto seguido se disculpó. Sabía que lo que había hecho esa mañana se le escapó
de las manos.
Las dos se sonrieron y comenzaron a hablar.
-La muy arpía de Hayoung nos mete aquí y se larga a por
chicos sin avisarnos. Será….-
-¿Arpía quién?-
Inass se dio la vuelta en rotundo y vio a Hayoung quien
estaba arqueando una ceja.
-Bueno, al menos he conseguido hacer que volváis a hablar.-
Hayoung era una chica como diría la gente “casi perfecta”.
Venía de una familia rica. No era ni muy baja, ni muy alta. Tenía la estatura
ideal. Sus manos eran delicadas como la nieve y con los dedos realmente largos.
Los ojos claros como el mar y el pelo negro como el carbón. Normal ya que su
padre era europeo y su madre coreana. No era de extrañar que siendo tan guapa,
conquistase a tantos chicos. De hecho, ya tenía uno allí, en aquel mismo
instante esperándole.
El chico que estaba detrás suya era bastante alto, con unos
rasgos asiáticos muy definidos y con el pelo teñido de un… ¿morado?
-¿Qué estáis mirando? ¡Ay! Os cuelo aquí y ni aprovecháis
para ligar. ¿Qué hacéis todavía en la entrada?-
Hayoung que no podía entender a sus amigas las volvió a
arrastrar, esta vez, hacía una multitud que estaba sentada en las butacas de
una de las esquinas de la discoteca.
El chico del pelo “morado” las seguía de cerca.
A ellas no les parecía muy buena idea presentarse allí ya
que les gustaban los grupos con menos personas aunque ya era prácticamente imposible. Hayoung les había acercado en un abrir y
cerrar de ojos.
Muchos adolescentes mayores que ellas, aunque alguno que
otro rozaban quizás sus edades, rodeaban una mesa llena de vasos y más vasos de
alcohol.
En el centro del grupo había dos chicos que eran los que más
escándalo hacían. Estos estaban rodeados de cuatros chicas que no paraban de
mojar bragas con ellos. Era realmente asqueroso verles.
El chico de la izquierda, el más alto, llevaba unas gafas de
pasta. El pelo negro, oscuro y un poco de melena con un lado rapado. Sus rasgos
asiáticos no estaban muy acentuados. En el de la derecha por el contrario, sí.
Este tenía el pelo teñido de…. ¿rojo? Quizás se podría decir que sí. Había
mucha oscuridad como para darse cuenta de estos detalles. También llevaba dos
pendientes y no paraba de sonreír. Los dos parecían completamente ebrios.
Pusieron sus miradas en nosotras en cuanto llegamos pero la desviaron en
seguida para Hayoung.
-¿Qué tal nuestra Hayoung?-
El chico de las gafas le sonrió de oreja a oreja. Esta le
devolvió la sonrisa y regresó su mirada a nosotras.
Nos presentó al grupo con gran agilidad y profesionalidad,
como si lo llevase haciendo toda la vida. Inmediatamente, todos se giraron a
mirarnos de nuevo. Haru puso sus ojos al suelo e Inass hizo un giro de noventa
grados para saludar.
El chico de las gafas las miró de arriba abajo y pasó de
nuevo a mirar a Hayoung.
Este se acercó a Inass y le cogió de la cintura.
-¿Quieres beber algo?- le dijo susurrándole al oído.
De pronto todos los allí presente comenzaron a reírse.
El chico volvió a sentarse donde estaba y estalló de risa.
-¿De dónde has sacado a estas? Parecen que acaban de salir
de la guardería. ¿Qué hacen aquí? ¡Qué graciosa eres, Hayoungnie!-
Hayoung se quedó mirándole atónita.
Inass, que había intentado calmarse hasta ahora, no pudo
contenerse.
Cogió el vaso de ron más próximo a ella y lo vació todo sobre él.
Cogió el vaso de ron más próximo a ella y lo vació todo sobre él.
-¿Ahora quién es el que se ríe?-
Inass hizo un gesto a Haru para que saliesen y esta le
siguió. Desde luego, aquella noche había sido horrible.
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