domingo, 18 de mayo de 2014

Capítulo 8.

Haru condujo a Jinyoung al aula de música.
Lo bueno de ser la presidenta de ese club es que podías ir cuando quisieras y usar los instrumentos que te diese la gana.
Jinyoung, que estaba confundido por el extraño comportamiento de la chica, no dijo nada en todo el camino.
Una vez allí, Haru le indicó que se sentase junto a ella en el banquillo del piano. Jinyoung accedió. Este se sentó lentamente mirando hacia el instrumento.
Haru sacó de su bolsillo unos papeles arrugados. Los puso sobre la mesa intentando alisarlos pero esto fue imposible.
Entonces se volvió hacia Jinyoung mientras ponía una pierna en el banquillo y se sentaba sobre ella.
Haru le miró a los ojos y luego bajó la mirada. Aún no tenía la confianza suficiente como para mirarle directamente.
Jinyoung que sí que le estaba mirando, empezó a suspirar.
-¿Y bien? ¿A qué viene tanto misterio?- dijo Jinyoung que ya empezaba a desesperarse de lo lenta que era la chica.
Haru dudó por un momento pero acto seguido se decidió a hablar.
-El chico de las ga...¡DONGWOO! Dongwoo me contó lo de...tus padres.-
A Haru empezó a incomodarle el tema de pronto y pasó suavemente sus dedos por las teclas del piano sin llegar a pulsar estas.
Jinyoung, que no se esperaba para nada que fuera a decirle aquello, se quedó pálido mirándola.
Hubo varios minutos de silencio.
-Ese Dongwoo es imbécil...- contestó Jinyoung susurrando mientras rompía el silencio.
Haru notaba que el chico había empezado a ponerse nervioso.
Esta tiró de la manga de Jinyoung intentando llamar su atención.
-Sé que es un tema en el que no debería meterme pero realmente...realmente me preocupas.-
Esta vez sí que le miraba a los ojos y el chico había adoptado una expresión seria.
-Sé que no soy nadie para meterme en tu vida ni decirte lo que está bien y lo que está mal.-continuó hablando.- Pero, ¿no sería mejor soltarlo todo de una vez y superarlo, dejando los buenos recuerdos contigo? Si sigues así solo conseguirás herirte y cada vez te costará más... ... ... ¿Qué...qué les pasó?-
Jinyoung se quedó un rato pensando con los ojos cerrados, los cuales parecían bastante cansados.
Haru pensaba que estaba cabreado y había dado todo por perdido cuando
de pronto este abrió los ojos y comenzó a hablar.
-Hace un año...-




18 de mayo de 2013.
Hacía una día horrible. El viento no paraba de resonar en las ventanas, parecía que estuviesen tirando bombas contra ellas.
Los truenos podían escucharse cerca y no había parado de llover desde la noche anterior.
Jinyoung, que estaba recostado sobre su cama leyendo un cómic, se había vuelto a quedar solo en casa.
Sus padres siempre andaban de viaje de negocios por lo tanto le tocaba cuidarse él mismo. Ya estaba acostumbrado puesto que además de esto, ellos tenían que ir a trabajar a la ciudad más cercana y había pasado tanto tiempo solo que ni él mismo podía contarlo.
Pero ese día era distinto. Era el cumpleaños de Jinyoung y sus padres le prometieron pasar el día con él. En cambio ahí estaba, solo, en la penumbra de su habitación intentando que no le afectase.
¿Cuándo fue el último cumpleaños que sus padres habían estado junto a él? Ni lo recuerda.
De hecho, tampoco recuerda la última ocasión que pasó más de tres horas junto a ellos hablando o pasando el rato juntos.
El trabajo lo era todo para sus padres.
No es que fuesen malos padres, querían lo mejor para su hijo y por eso intentaban que no le faltase de nada gracias a su arduo labor.
Jin no quería que se preocupasen tanto de él y les pedía que al menos, descansaran un poco.
Este había sido el motivo de tantas discusiones en la familia y el chico, al final, acabó dejando el tema.
Pero esa mañana no pudo contenerse más. ¿Acaso se ponen en su lugar? Siempre ha estado solo. La soledad de aquella casa ya formaba parte de él. ¿Alguna vez se habrían dado cuenta de todo el dolor que estaba guardando en su interior? 
Al final acabó gritándoles y reprochándoles que volvían a salir fuera del país y para colmo, en su cumpleaños.
Enfadado, se encerró en su habitación sin despedirse de ellos.
Y así, había pasado la mañana volando.
Jinyoung había dejado el cómic a un lado de la cama y se había recostado tapándose los ojos con el brazo.
Entonces el teléfono empezó a sonar interrumpiendo el silencio de la casa. Este lo ignoró pero el tono seguía insistiendo. Jinyoung, que ya estaba harto del ruido que hacía, se levantó de un golpe y fue escaleras abajo a contestar.
En cuanto cogió el teléfono escuchó la voz de su abuela al otro lado. Esta estaba bastante histérica y alterada y apenas podía entenderla.
-¿Abuela...? ¿Qué pasa? Relájate.- Jinyoung, que empezó a preocuparse por ella intentaba tranquilizarla.
Esta comenzó a llorar de la nada. Jinyoung, que cada vez entendía menos, volvió a preguntarle.
-Abuela, ¿qué está pasando? Respira y háblame.-
Su abuela que había conseguido estabilizarse un poco...consiguió cambiarle la vida con tres palabras.
-Enciende la televisión.- dijo su abuela intentando aguantarse las lágrimas.
-¿La tele..visión? Está bien.- El chico ya sí que estaba confuso del todo.- ¿Qué canal?-
-Jinyoungnie, cualquier canal, cualquiera...- 
Su abuela no pudo aguantar más y volvió a echarse a llorar.
Jinyoung se dirigó hacia el salón con el teléfono inalámbrico y encendió la televisión lo más rápido posible.
Puso el primer canal que pilló y allí estaba.
Un avión que se dirigía rumbo a Francia había caído al mar y seguían en busca de algún superviviente.
Jinyoung deseó que ese no fuese el avión en el que iban...iban sus padres.

"El avión que salió del aeropuerto de Incheon esta mañana a las 7:00 puso rumbo a Francia y después  de un cuarto de hora...."

La presentadora de las noticias se lo había confirmado. Lo era. Sus padres estaban allí.
A Jinyoung se le cayó el cielo encima.
Este se tiró al suelo de rodillas mirando la televisión fijamente. El teléfono rodó por el suelo. Se podía escuchar a su abuela llorando en la otra línea.
Esto había sido un golpe duro. 
Jinyoung se levantó y apagó la maldita televisión gritando. Entonces se dio la vuelta y vio una caja junto a una nota en la mesa del salón.
Se acercó y la abrió. Dentro había unos papeles.
Era una canción. Jinyoung la reconocía. Era la canción que su padre compuso en la época que tocaba en su pequeño grupo de música en el instituto.
A Jinyoung siempre le había encantando y hacía muchas veces que su padre se la cantara. 
Entonces leyó la nota que descansaba sobre la mesa.
"¿Qué mejor regalo para un cumpleaños que una canción? Nuestra canción. Ahora no es mía sino nuestra." Jinyoung le dio la vuelta y la nota acababa con un "te queremos."
Este que había empezado a llorar con todas su fuerzas, abrazó la nota volviendo a ponerse de rodillas.
Si antes sentía que estaba solo en casa, ahora lo hacía con más fuerza. 
Y ese dieciocho de mayo que había comenzado cumpliendo sus diecisiete años, lo había acabado con la pérdida de las dos personas que él más amaba en su vida, sus padres.




-... ... ...lo que más me molestó es que no pude despedirme de ellos. Ahora que lo recuerdo, sólo fui un egoísta. Supongo, que estaré arrepentido por eso toda la vida ya que, ahora no puedo cambiarlo.- Jinyoung se quedó callado.
Ya había terminado de contarle todo a la chica. Esta había estado escuchándole atentamente todo el rato y ahora se encontraba llorando.
-¿Por qué lloras idiota?- Jinyoung comenzó a secarle las lágrimas a Haru con la manga de su chaqueta.
Haru, ya más tranquilizada, inspiró fuertemente y dejó salir el aire.
Entonces miró a Jinyoung de frente.
-Esa canción que te regaló tu padre seguro que es muy importante para ti, ¿verdad? Yo también tengo una que lo es para mí.- Haru empezó a mirar los papeles que había sacado antes y dejado encima del piano.
-Hace un año, antes de que mis padres se divorciaran, encontré esta canción aquí, en el aula de música. Escuché a un chico cantarla, entonces me llevé los papeles sin querer y aún los guardo. Gracias a él tuve las fuerzas de enfrentarme a la separación de mis padres e incluso de meterme en el club de música.- Haru hizo una pausa.- Y ahora quiero compartirla contigo, para que te de fuerzas a ti también.-
Haru le sonrió y se puso en posición para tocar el piano.
Con gran maestría empezó a tocar la canción y acto seguido a cantarla.
Jinyoung se quedó escuchando con atención. Después de unos minutos acabó y se volvió hacia el chico de nuevo.
-Ya...está.-
La chica no sabía realmente qué decir.
-¿Quién...quién te cantó esta canción...?- le pregunto Jinyoung fuera de sí.
-Cuando encontré los papeles de pronto entró un chico y empezó a tocarla en este mismo piano. No sé quién fue, no me dio tiempo a verle pero su voz era realmente preciosa. Yo estaba...- Haru hizo una pausa.
-¿Estabas...?-
-Escondida para que no me viese nadie...-
-¿Escondida?-
-¡Sí! Escondida, ¿qué pasa? Dejemos el tema, eso no importa.- Haru se volvió sonrojada.
Seguro que pensaba que estaba loca.
Jinyoung comenzó a reírse.
Haru se volvió hacia él con intención de pegarle pero este le paró.
-Está bien, está bien....-Jinyoung dejó de reírse y se quedó mirándola.- Gracias por la canción.-
Haru volvió a apartar los ojos corriendo. 
Al instante sonó la puerta del aula de música abriéndose de un golpe.
Del otro lado salió Inass que estaba jadeando. La chica había venido corriendo hasta allí y no podía ni mantenerse en pie.
Dio su último esfuerzo hasta llegar al centro del aula donde se encontraba el piano.
Haru sobresaltada se levantó corriendo del banquillo y fue al lado de su amiga.
-¿Qué pasa Inass?- le preguntó Haru preocupada.
-Channie, es...Channie....se lo han tenido que llevar al hospital.- le dijo.
Haru que creía que había escuchado mal, le volvió a preguntar.
-¿Qué...? ¿No será por...?-
-Sí.-
La chica se puso muy seria inmediatamente, entonces salió corriendo del aula. En las últimas veinticuatro horas ni se había acordado de Channie.
El otro día ya se encontraba raro y ella ni le había hecho caso, a él, a su mejor amigo.
Inass que antes había pegado la carrera de su vida para intentar avisar a Haru, corrió detrás de su amiga dando su último esfuerzo.
Jinyoung, seguía allí, sentando en el aula de música intentando asimilar todo aquello. Con aire de melancolía empezó a tocar el piano. Aquel piano de cola blanco que tanto le gustaba.

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